HAY UN LUGAR DE TENERIFE DONDE APRENDÍ QUE LAS TORTUGAS HABLAN. En ese lugar habita una familia de tortuga verde (Chelonia mydas), una especie amenazada. Solemos ir a visitarlas a menudo y no hay día en que no nos encontremos con centros de buceo. Desde la superficie, les observamos.
Estos centros de buceo llevan a sus clientes no sólo a ver a las tortugas, sino también a alimentarlas para atraerlas, a cogerlas del caparazón, a darles la vuelta, a atraparlas por las patas… Qué necedad romper un equilibrio del que al final, ellos también están viviendo. ¿Dónde llevarán a sus turistas si un día esas tortugas desaparecen?
Busquemos nuevas maneras de mirar y en lugar de tratar a un animal salvaje como si fuera un perro, contemplémoslo. Aprendamos su lenguaje de acercarse y alejarse, mirarte de frente o de lado… contentas, de mala leche, sociables, un tanto agobiadas, serenas. Será verdad que en todo lo vivo existe la expresión. Nosotros, de tanto mirarlas, empezamos a entender su comportamiento. Con ello y sin querer, nos vamos adaptando al ritmo que este mundo de forma perfecta marca.



que torguga mas expresiva!!! uau