
Puede ser que tenga razón mi abuela. Puede ser que los veranos en una isla Mediterránea tuvieran la culpa de mi obsesión por el azul. Los pies descalzos corriendo sobre rocas que ya ni sentíamos. La falta de aire al buscar en el fondo de un fluido salado era tan natural como respirar. Y poco a poco, ese fluido iba calando en la mente para latir distinto.
A los 9 años de edad descubrí que existían cámaras dentro de cajas con las que decir lo que uno ve bajo la superficie. Empecé con una de usar y tirar que conseguía comprar acumulando la propina durante semanas. Y mientras tanto, el soñar se iba amoldando entre viejos ejemplares del National Geographic.
Una vieja Canon cayó en mis manos a los 14… y a partir de ahí lo que sucedía en el burbujeo de la calle, en las mareas de gente, en la corriente de un mirar, me hizo salir de la profundidad a la superficie. Y ahora veo mi camino en la fotografía siempre ha sido a la inversa de lo común … desde dentro, para afuera.
Se sucedieron años de lucha de guerrilla y paz en las trincheras por la conservación del medio marino, concretándose en una licenciatura en Biología Marina, otra en Ciencias Ambientales y más de la mitad de un doctorado. Hasta que un día mi cámara y yo llegamos a la playa y supe que en realidad, la necesidad de imágenes podría hablar más fuerte que las palabras que aprendiera de la academia.
Ahora puedo decir, irremediablemente y sin complejos, que la fotografía es mi deseo, que el transmitir es lo que anhelo… que conseguí vivir de ello.
Llegados a este punto me da por preguntarme si era necesaria tanta letra para presentarme, cuando sé que todo se reduce a algo tan simple como que desde siempre y para siempre…
…vivo por y para el agua.
Hola!,
No creo que halla sido “mucha letra” para tu presentación. Resumiste muy bien quien sos y que queres.
Hola!
Muchas gracias por detenerte un rato en mis palabras. Un saludo!