Una mañana con “los del río”

“Vale, si no encuentras a nadie para ir al río, te acompaño”. Y así fue. Lunes 8 a.m. y con las botas de agua puestas… el de seguridad: “Però on aneu?? Tu no érets de sota-aigua? Mare meva, quin perill…” (“¿Pero dónde vais?¿Tú no eras de bajo-el-agua? Madre mía, qué peligro…”). Y con la furgo hacia Sant Celoni, pasando por bastantes caminos de cabras hasta llegar al lugar de muestreo: un río en el que una depuradora descarga agua residual ya tratada…en teoría, porque por lo que dicen los resultados, no funciona del todo bien. Con ese solazo, chapoteando en una agua congelada (6 grados), en un contexto de trabajo tan diferente al mío, me hacía no poder dejar de repetir “Estoy en el ríoooo!!!” Primero vinieron los transectos para medir los parámetros físicos (temperatura, velocidad del agua…), seguidos de las muestras de agua to take away y a rascar piedras para sacar las bacterias que viven pegadas a ellas (en una capilla que cubre  las piedras de los ríos. Llamémosle moco. O llamémosle biofilm). Es alucinante cómo los cambios de estos pequeños seres puedan reflejar lo que va pasando a nivel de todo el río.Luego, a cubrir las piedras con papel de aluminio para calcular su superficie…y me vino a la cabeza un amigo de la ciudad. Después de contarle nuestras aventuras muestreando una playa en la Toscana, cada vez que me voy de viaje por trabajo me pregunta: “I allà vas a xuclar bitxos o què?” (“¿Y ahí vas a chupar bichos o qué?”). De ahí pasé a los recuerdos de las prácticas de Limnología en la Universidad…una semana muestreando un río y mucho más (las risas del juego del asesino por la noche en el refugio, Cugui sin parar de liarla arriba y abajo por el día en el río, las conversaciones sobre física cuántica que el profesor se empeñaba en tener conmigo…). Trabajo de campo…es curioso como sólo ahí es donde encuentro un sentido a estar haciendo esto. Como cuando volvemos del agua en la zodiac congelados pero empapados en sal. Miras el mar a tu alrededor (plato), te das cuenta de que es miércoles por la mañana y tienes esa sensación de “Aquí es donde tengo que estar”. El muestreo también abre las puertas a una conversación mucho más relajada…y al final me hace ver por qué escogí meterme en ecología. Creo que también influyó bastante el hecho de que Indiana Jones fuera mi gran mito infantil…porque la verdad es que desde que empecé la tesis ha habido momentos en los que hasta mi jefe me ha dicho “Esto es lo más parecido a ser Indiana Jones…” y yo pensaba “Ahora ya tengo la respuesta al por qué me divierto estando con mierda hasta las rodillas y vigilada constantemente por policías bastante sospechosos…claro, claro, tú échale la culpa a Indiana”. Todo cobra sentido. A veces pienso que tendría que haber nacido un par de siglos atrás, como hacia el siglo XIX, la época de los grandes naturalistas. Un enorme mundo vivo por destapar…un enorme mar por desnudar (bueno, eso aún está un poco igual…). Y no sólo estaba Darwin en esa época…me acordé de un libro que leí hace un tiempo, “Reinas de África”, sobre mujeres que participaron en expediciones entre los siglos XIX y XX por todo el continente africano. De la gran mayoría de ellas, ni se sabe ni se habla…algunas acompañaban a sus maridos, otras lideraban la expedición, algunas llevaban con ellas un séquito de criados, otras nada más que algo de ropa y provisiones en un hatadillo…pero siempre descubriendo. Aunque no todo sea tan bonito y, cuando al llegar a casa empecé a tener un fuerte dolor de estómago (con todo lo que conlleva), me reí al acordarme de lo que me había dicho Steffi mirando mis manos llenas de barro “Miquel es una nenaza (con lo que caigo en cuenta del pedazo de vocabulario que le estoy enseñando a la alemana)…siempre se pone los guantes para muestrear. Dice que le da asco el agua de la depuradora”. “Bueno, ahora que lo pienso, no es una tontería…el agua residual mal tratada puede transmitir muchas enfermedades”. “¿Ah síííí?”.

Furgoning

Steffi sampling

Me&the magic boots

Frikis

Rascando y filtrando

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Dah people

BAR

Otra vez más, empujaba la puerta del trabajo notando cómo iba arrastrando la autoestima colgada de mí por un hilo finito finito. Y pesaba. Llegué a casa, “comes y sigues…” y el modo aleatorio del Itunes me regaló una canción del Tote que me iba haciendo sentir “venga, va, hazlo”. Ya no podía dejar de repetir: “Cuando acabe esto, no quiero tener jefe nunca más”. Era viernes y me había dado cuenta de que hacía un mes y medio que no veía a mi gente de la city…así que propuse una cena. I em vau salvar del mal rotllo. Sense que us n’adonessiu i sense que me n’adonés. A vegades les coses són tan simples com oblidar-se’n…I riure. I rajar de tot. I filosofar una mica. I sentir “Si és que el problema és que ens coneixem massa” (Cume, el que et vas perdre…pufff… i tot per anar-te’n a cansar i passar fred… sense mar. Friki!!Ai, no, que curraves…jijiji). I que rajeu de mi (Deivid, això de que “Clar tiaaaaaaaa… és que ets una xula” Pssssss….jeje). I veure-us ballar amb una barra (Natx, he de dir que tenies una gràcia especial). I ballar contra una paret. I rajar de vosaltres (Tom, xaval, aquestes tendències que tens cada cop em preocupen més…plis, seif iourself an du da croket!!!). I jugar a córrer amb els dits sobre una pista de sorra batuda Iphonense (Nelo, m’estàs fent bastanta ràbia perquè m’acabo d’adonar que amb el Singstar també guanyes sempre. Hosti tu…ara mateix em caus fatal!!!).  I sentir una bronca d’algú amb més ganes de festa (Palu…si em portes als mundials, a la propera la lio fins les 10. T’ho prometo. jeje. I para de pensar què més faria pels mundials, que nos conocemos!!!). Tot això i veure que passa el temps i seguim estant…m’engantxa enmig de la nit pensant  que tinc molta sort (una de les poques coses en què li donaria la raó a ma mare). I que la resta…doncs mira, tampoc és tan important. He de confessar que encara no he trobat un antídot al mal rotllo millor que la sal dissolta en aigua i vosaltres (també confesso que últimament algo que comença per K s’està fent un lloc al prestatge dels superantídots…Però mai a sobre vostre, sempre al vostre costat). Per tot això, vull donar-vos les gràcies mil des d’aquí. Així, qui em llegeixi les reb i qui no, no (sóc maja, eh…). Doncs això…QUE US AILOVIU NOISSSSSSSSSSS!!! Merci!!!!!!!

(Esto sí que no tendría ningún sentido traducirlo. Sorry!).

Week-ending

Road

Kuku

Este fin de semana nos perdimos un poco. Con lo puesto, la Kukuneta, las tablas respondiendo a un irremediable “just in case” (hay que tener fe), música y algunas provisiones. Reseguimos una costa anaranjada llena de pueblos de esos que poco importa si son feos o bonitos; sea como sea, tienen sabor. Cruzamos lo que los euskaldunes llaman muga, con un ojo en ese mar que pretendía engañarnos con gestos de ola (pero no…). Y se dió el extraño fenómeno de que con sólo cuatro pasos, ya te sientes como en el culo del mundo. Al llegar al supuesto destino, sabes que en realidad el km0 está ahí y no en Madrid…porque ahí empezarás a perderte. Y con dos cámaras, dos mentes y dos curiosidades, empezamos a callejear. Casas de colores, “atéliers”, una iglésia a pie de mar, uno de esos antiguos tío-vivos (qué gracia me ha hecho siempre esa palabra), clicks, lucecillas tenues y, como no, el típico turista pesao. No le faltaba ninguno de los estándares…llevaba hasta chandal, gafas y bigote. Era ése que cuando te pide que le saques una foto y se da cuenta de que hablas su idioma…estás vencido. Algunos, más ábiles, se escabullen antes de dar una oportunidad (eeehhh…). Pero otros aguantamos un rato la chapa pensando “uuufffff…..que me vooooyyyyy…” y conseguimos irnos un segundo antes del “demasiado tarde”. Salvado el obstáculo, seguía el frío y llegó el momento de suavizarlo con vino del “terroir” (de Bañuelooooo) y los quesos que no quisimos evitar comprar. Y te ves hablando sobre reseguir más y más el mundo; riendo en una Kukuneta, frente a alguien con esa misma sed de ver que ya conoces muy bien… Y aunque quieras esquivar el pensamiento, te traiciona algunas veces… y en tu mente ya hay un “así mismo, no somos tantos….te encontré”. Aunque las fotos de las estrellas giradoras se quedaran por hacer. Aunque con esa noche fría y húmeda me levanté malita y sólo aguantara unas horas más antes de volver… ¿cuándo repetimos? ¿cómo repetimos? ¿dónde repetimos? Es raro cómo tantas preguntas a la vez pueden traer serenidad….que qué pueblo era? Ése donde vive una viejecita sonriente y muy orgullosa de cómo crece la Aloe vera en su jardín. Donde se habla catalán afrancesado. Donde hay un gato en cada rayo de sol. Colliure.

Mmmmm....

Extrangeros

Sobre jaulas, miedo y libertad

 

Geo

 

 Una persona muy importante para mí en los últimos años; un consejero; una bocanada de ánimo…un gran amigo con un riquísimo mundo interior, me mandó un comentario para la entrada anterior. Me pareció muy…”él”…y, aunque en algunos momentos habla de mí (teniendo en cuenta que es desde la perspectiva de alguien que me quiere y me aguanta. Hmpfffffff…aún no sé ni cómo!!!), he pensado que mucha gente de la que tengo alrededor últimamente podría verse también entre líneas (así, rápido, se me ocurren cinco). O arrancarles, como mínimo, un “¡Es que es eso!” Le pedí permiso para publicarlo y me lo concedió (después de corregir su español…ay…¡perfeccionista hasta en eso!) . Ευχαριστώ πολύ…porque si te digo vielen dank te enfadas…jejejejeje. Ahí va.

 

 

  

 “Qué experiencia más profunda que viviste ese día y qué texto más puro has escrito… Me recuerda los días en que yo mismo salí de la rutina e hice algún viaje solo. Todo lo que veía tenía esa intensidad que se pierde cuando uno anda por el camino cotidiano, pensando en la presión del trabajo. Lo curioso es que no se puede forzar esa percepción simplemente buscando una tierra desconocida; hace falta estar abierto. Presión y preocupaciones. Miedo y dolor. Esas son nuestras jaulas en la vida. Hace mucho que no me pregunto si existe el infierno: para algunos existe aquí en la tierra. No conozco casi nadie que no quiera cambiar su vida. Tampoco conozco casi nadie que cambie su vida. Se dice que a los elefantes se les “entrena” para obedecer desde pequeños atándoles un tronco de árbol a un pie. Cuando son pequeños, no tienen la fuerza suficiente como para mover el tronco, se rinden, se quedan quietos, cansados y con dolor. Una vez adultos, se han acostumbrado y cuando sienten esa cuerda en el pie, se quedan quietos sin usar su fuerza para liberarse.

Los humanos nos podríamos liberar con la fuerza de la mente. Pero ésta es tan fácil de manipular como los elefantes. ¿Dónde están los pensamientos puros que nos liberan? Hay poca gente que conversando con ella tenga algo que decir. O algo que no sea esa otra frase típica que no te sorprende. Todo el mundo piensa igual, actúa igual, te valora igual, con los mismos prejuicios. Si la mayoría o la autoridad dice algo una cierta cantidad de veces, el resto lo seguirá. Como ovejas, el deseo mayor es buscar protección siguiendo caminos comunes, quedándose en la compañía de los demás. Esto debe de ser un instinto humano y no hay nada de malo en ello. Pero hay algunos que sienten una pasión por algo: el mar, hacer fotos, música, arte, dejar su carerra para seguir a su pareja… La decisión de dedicarte a lo que te apasiona nunca lo van a comprender los que no comparten una obsesión, una locura. ¿Cómo quieres explicar que estás dispuesto a seguir un cierto camino, incluso si te destruye? Alguien me dijo: “Claro, hablas así ahora, porque eres joven”. Mi respuesta fue que hablo como un viejo, porque siento que la vida es corta y no se sabe cuando va a ser el último día. Plazas fijas y dinero no dan nada más que una vacía ilusión de seguridad. ¿Renunciar a una pasión por volverse funcionario sin tener en cuenta que cualquier día se nos puede caer un piano o un meteorito encima? Bueno, llevo con la misma conversación hace cuatro años y ya he perdido la rabia contra la gente que en vez de entender quieren convencer. Cada uno vive su vida como le parece. Quizás también por eso hace falta cierta medida de soledad en el proceso de aprender a expresar algo más profundo de lo que se ve con un primer vistazo. Es demasiado fácil influir en la mente humana y si uno no busca condiciones favorables no encuentra la fuerza. No es casual que el símbolo de iluminación en muchas culturas sea la meditación del que busca en una montaña o en el desierto. Si tengo rabia es por la falta de fuerza, por no haber abierto esa jaula antes. Rabia hacia la escuela,  hacia las notas (lo que me alivia es saber que nunca hice mis deberes). Liberarse de la presión que causan las preocupaciones y del dolor que causa el miedo… Lo primero es más superficial y fácil de ignorar con un cierto optimismo. “¿De qué vas a vivir? ¿Cómo pagarás tu jubilación?” Puedes encontrar una solución para cualquier situación. Y si no la hay, pues tampoco ayuda preocuparse.

Pero el tema de este texto es el atreverse a expresarse mediante una arte (música, fotos, pintura, escritura… u otros que se expresan patinando, surfeando, escalando). Y esto siempre conlleva el miedo de “¿y qué pasa si no tengo nada substancial para transmitir? ¿Y si mi vista del mundo es trivial?” Mira, por ese miedo nos hemos quedado estos años en la academia buscando seguridad. Tú al menos te atreves a salir un domingo y hacer 357 imágenes. Yo no borro fácilmente imágenes, sino que me bloqueo incluso antes y ni abro la bolsa de la cámara. ¿No es raro eso? Todos los turistas pasan por la cuidad y hacen 300 fotos y luego enseñan todas las 300 a sus amigos. Pero tú las borras y yo ni las quiero hacer… A esto se le llama miedo. No borres imágenes, ni siquiera las malas. Si vuelves a mirarlas en 10, 20, 30 años te pueden dar una comprensión más profunda de ti y de tu arte. Necesitas ver tanto la evolución de una sesión de fotos (la mejor foto es la primera o la última, ¿cómo te acercaste?), como la evolución de tu visión en el camino de tu vida. Por eso prefiero los negativos analógicos, porque cada instante que capturo está capturado definitivamente, no se borra accidentemente. Los negativos no los enseño a nadie, no me los miro, pero llegará un día en mi vida que diré: “Ahora necesito ver todas y cada una de las fotos que hice”.  Es un tesoro que se guarda para cuando en el futuro uno pueda sacarle algo, o se sepa enfrentar a las imágenes. Incluso una foto mal hecha puede contener una visión que te servirá como guía para conocerte y dirigir trabajo futuro. Cuando dijiste que no eres fotógrafa me reí por una mezcla de razones: me recordaste a Henri Cartier-Bresson, que en una entrevista emocionante (te la pasé en DVD), dice que él no es un artista, simplemente hace fotos y que para qué esto de los títulos, nombres y declaraciones. Decía que cualquier persona sensible es un artista. Y eso lo dijo Cartier-Bresson, el padre del arte del fotoperiodismo… También me reí porque me emociona ver esa pasión tuya por ver, descubrir, crear, expresar. Esa energía, fuerza y optimismo. Lástima por  los que se hacen llamar “fotógrafos” y no la tienen… El entusiasmo puro e irresistible es lo más importante. Yo tampoco digo que soy fotógrafo, pero digo que me dedicaré a ello a partir de ahora. Incluso si un día me llamaran o me llamara a mi mismo “fotógrafo”, no sería la única cosa que estaría haciendo. Me preguntabas para qué es necesario definirlo y limitarlo a una categoría… creo que en el mundo en el que vivimos hay que usar títulos para que los que no intuyen quién eres, se queden tranquilos… Un editor imprimirá tus imágenes antes que tu currículum o los títulos que tengas, pero en sus páginas pondrá “fotógrafa” para sus lectores. Lo importante es no limitarse con esos títulos. El hecho de ser biólogo no implica una falta de otros talentos ni la oportunidad de desarrollarlos. La diferencia está en limitar tu vista a la situación actual y actuar en base al miedo, a las expectativas de los demás, siguiendo el camino determinado por otros; o bien en llegar a conocerse a uno mismo, tener una visión, un mapa crudo de tu vida, con cada decisión fiel a esa meta, incluso si hay desviaciones, retrasos y problemas. Un amigo me dijo que lo extraordinario de Steve Jobs (jefe de APPLE y PIXAR), es que siempre ha tenido una película interna de su vida. Por eso me alegro de que aquel día tubieras esa visión de ti en un contexto temporal. A mí también me ha pasado; en un momento te acuerdas de todos los sueños y deseos de cuando eras pequeño y entiendes tu camino, te entiendes a ti mismo, a tus errores, y descubres el próximo paso. Cuesta lograr este paso, pero a partir de ese momento, una vez que reconoces la jaula, no hay marcha atrás. Es como la pastilla roja en Matrix. Cambia tu realidad. Intentar olvidarlo y no enfrentarse a ella sólo aumenta poco a poco el sufrimiento. Y esta es la solución: el enfrentamiento con tu propio miedo. Al final se trata sólo de eso. Yo tengo que hacer las imágenes y tú tienes que publicar las tuyas. Es sorprendente que incluso nuestra propia inteligencia trabaje contra nosotros ayudándonos a encontrar excusas… Quizás también este blog sea sólo un alivio para no arriesgar de verdad. Cuánto me ha costado admitirlo, y qué fácil fue al final…”

Esta entrada no tendría que tener título

Esta mañana he ido a patinar con el longskate…descubriendo. Deslizándome. Limpiándome. Ayer no podía dormir. Como tantas otras veces, la inquietud me ardía y mil imágenes por ver estallaban en algún lugar de mi cabeza. No podía más. Me vestí, cojí la cámara y salí. A callejear, a ravalear, a disparar la inquietud, la emoción extraña que empuja. Disparar, disparar, disparar con un click. Los chinos detrás del escaparate encendido aún siendo madrugada; el entrañable pies negros con un casco de aviador en la Plaza Catalunya; la gente esperando en el Zurich; unos ingleses dando tumbos Rambla abajo; un grupo de adolescentes fumando porros Rambla arriba; los pollos de la calle Escudellers; el olor a falafel del Buen Bocado; el paqui vendiendo rosas; el senegalés vendiendo lo que podía; la Boquería cerrada pero con algo centelleando que no conseguí saber qué era; el parking con los graffities; los skaters del MACBA; la calle en la que un montón señores un tanto sórdidos cuchicheaban; el callejón donde, cuando les disparé, las prostitutas me regalaron una sonrisa de lado…en todo eso, me perdí. 357 disparos. 357 fracciones de segundo de vida nocturna latiendo en mi ciudad, que, aunque sabe que ya no voy a volver, me redime y se me abre. Paré en una de mis plazas favoritas cerca de la catedral, la de San Felipe Neri. Me gusta por el sonido del agua de la fuente, no he oído nunca nada igual en ningún otro lugar. Un vagabundo dormía sobre cartones bajo la puerta de esa iglésia que tiene una pared llena de marcas de balas de fusil de la guerra civil. Una pareja se besaba recorriéndose en una esquina. Y yo sin poder parar de disparar al agua. Hasta que me di cuenta de que estaba pensando hacia atrás…en todo lo que me había llevado hasta ahí. Sentí rabia, la misma que siento cuando me oigo llamar “bióloga”. Porque no lo soy. Aunque tenga un título que lo diga, lo sé bien que no lo soy. Porque no me siento como si lo fuera. Porque hace un tiempo que sólo es mi jaula. Porque me metí en ella por estar enamorada con locura y ceguera de un inmenso fluído azul. No lo soy. Y cada vez que alguien me llama así me dan ganas de gritar. Igual que cuando otros me llaman “fotógrafa”…me entra más rabia aún. Y muchas veces (excepto tres excepciones, Y., G. y K.) intuyo detrás de ese nombre un cierto rentintín, ese pensamiento de “ahora todo el mundo que se compra una digital se hace llamar fotógrafo”. Me sacan la risa sarcástica. Y respondo “No, yo sólo hago fotos”. Lo que no saben, lo que no entienden, es que no pretendes ser fotógrafo. Sólo que hace años, de repente, te asustaste cuando saliste a la calle y no veías, sentías. Sentías el mundo en imágenes instantáneas. De una fracción de segundo. De vez en cuando la sensación volvía… ibas cogida de la mano de tu padre. El mismo que cuando te dio su vieja Canon, te regaló una medicina y un alivio. Pero eso no se cuenta…porque no se entiende… y me acordé de uno que sí me entiende. A uno de los pocos que le enseñaría todas mis imágines. A uno de los pocos con los que así lo hago. Cuando el otro día, con un mojito en la mano le dije: “Que no soy fotógrafa, coño!!”, se rió. Y me respondió: “Mira, Laura…el discurso de la era digital no tiene que llegarte…imagina que por tener un ordenador para escribir todo el mundo se hiciera llamar escritor. Pues ok…pero la diferencia seguiría estando en que con el mismo ordenador Shakespeare escribiría “To be or not to be, that’s the question” mientras que la gran mayoría escribiría algo así como “Hola, qué tal” Lo que diga la gente, da igual porque ahí lo tienes. Los dos; la misma técnica; el mismo modo…pero dime ahora quién es el escritor”. Y me volví a acordar de la frase que vi en el muro de Berlín: “Lo imposible sólo tarda un poco más”. Al volver a casa, descargué las fotos, las miré una sola vez y las borré. No me apetecía que alguien pudiera ver la desnudez de mi ciudad, mi desnudez…hoy no ¿Fotógrafa? ¿Bióloga? Ahora, respirando deslizamiento, lo he visto claro…qué más da. Soy yo. Eso es lo que importa. Para qué es necesario definirlo más, para qué quiero limitarlo con una categoría, para qué quiero saber hacia dónde va la pasión….¿para qué? Si es que se ha hecho tan fuerte que ya le hablo como si de otro yo se tratara…y a menudo le susurro “La suerte de tenerte…” Si es que no puede haber nada más simple…no me llaméis de otro modo, llamadme por mi nombre, llamadme Laura…que esa soy yo.

Las palabras en el muro

Uno mismo…uno solo

Arte en la playa de Montgat

Hacía días que las previsiones anunciaban swell de sur-suroeste…pero día tras día, nada de nada… excepto un baño el domingo a la salida del sol, ya con la mente en el trabajo (sí, últimamente soy de las que trabajan los domingos). Día tras día paseando la tabla. Incluso cuando me dijeron “Había gente en la playa del pueblo esta mañana…ahí flotando todo el rato…no os entiendo, parecéis focas”. Dejé todo el laboratorio como estaba, salí corriendo y…nada. Sólo “el rastas” cambiándose después de un baño. “Nada, si yo me he metido para remar un poco y calmar el mono” Hmpfffffffff!!! Día tras día me iba de la playa con el requemor de haberme quedado mirando el mar en estado de ahora-sí-se-levanta-ahora-sí-se-levanta-ahora-sííí ante la mínima ondulación. Y nada más llegar a casa, volvía a encender el ordenador para revisar la previsión por enésima vez…¡¡no puede ser!! ¡¡Pero si ahí está clarísimo!! Más hambre de sal; más deseo de espuma. Ayer ya no podía más. El pueblo seguía igual, las previsiones seguían igual…pero yo no. Quizás aquí no entraba (aunque uno de los spots de por aquí acostumbraba a funcionar con el sur…¿habrá cambiado el fondo después del temporal?), pero en algún sitio tenía que entrar y lo iba a encontrar. Hambre de sal y deseo de espuma. ¿Por qué no cambiar la hora de la comida con calma por un recorrido a lo largo del Maresme? He cojido el coche rumbo al sur… y he reseguido todos los spots uno a uno…el primero, qué encanto tiene este lugar…PLATO…el segundo, mmmmm qué solecito…PLATO…el tercero, si sigue creciendo este viento aplastará cualquier gesto de ola…PLATO…y llegué a Montgat. Hambre de sal y deseo de espuma se vieron colmados por la vista de medio metro glassy (Pablito lo llamaría “babilla”). Mmmmmm…no sé, para lo que hay…mmmmmm…igual llego tarde a la Universidad…mmmmmmmm…no tengo tiempo de comer si me meto…mmmmmmm…y de repente me he dado cuenta de cómo la mente juega con nosotros. Siempre busca excusas, nos engaña, nos da la vuelta… pero esta vez, lo siento, gano yo. ¿Medio metro? Menos es nada y no podía más. Fueron olas pequeñas, divertidas, compartidas con tres chicos totalmente desconocidos; algo que me apetecía especialmente, un poco harta de esa gente del pueblo que te miran por encima del hombro cuando llegas a la playa. Esa gente que se quedan en seco en invierno pasando horas mirando y comentando las comidas de los demás desde la orilla. No pretendo criticarles, pero soy de las que creen que el mar no es un circo… Así que ahí estaba, fuera de casa, sin parar de remar de un lado a otro para buscar ese pico que parecía que rompía mejor…y llevándome lo mío saciando el hambre de sal y el deseo de espuma. Dos horas después, cuando me di cuenta de que es invierno; de que hacía rato que no sentía las manos; de que había empezado a temblar, salí. Me preguntaba por qué sólo había ido a ese lugar dos veces y siempre dejándome llevar por las ganas de cambiar de sitio de otros. Es muy cierto, tenemos poca frecuencia de olas… pero bastante costa por recorrer, bastantes más posibilidades de las que exploto ¿Por qué no me muevo más? Algo va cambiar, algo ya ha cambiado. Y sentada en la arena, ya abrigada, volví a pensar en cómo nos dejamos vencer por la pereza, cómo necesitamos a menudo que alguien nos empuje a hacer lo que sea, cómo nos seguimos limitando. A todos nos gusta la buena compañía, pero qué bien sienta de vez en cuando estar solo… buscar solo, descubrir solo, sorprenderse a uno mismo…solo. Al levantarme para volver al coche me topé con unos graffitis en los que, extrañamente, no me había fijado al llegar. Un montón de historias plasmadas en un cachito de muro. Si alguien conoce al artista, que le de un “oléééé” y un guiño de mi parte.

 El paso hacia la playa

Botas rebeldes

Lo que puede revelar un microondas perforado

El taller

   

El microondas

 

Aunque suene surrealista, para conseguir analizar el contenido en metales de mis plantitas, necesitaba agujerear un microondas. Después, montar todo un tinglado que hace lo más seguro posible (teniendo en cuenta lo tóxicos que son los ácidos que van dentro) un proceso de preparación de las muestras bautizado con el  peculiar nombre de “digestión”. Para ayudarme con el montage estaba el-chico-de-mantenimiento. La típica persona de la que mucha gente dice “Uy…y cuando se lo has pedido, ¿qué? ¿Se ha puesto muy borde?” La típica persona a la que si no le llegas, no le llegas y no se siente obligado a hacer ningún esfuerzo para disimularlo. La típica persona que de mariconadas, las mínimas. La típica persona que deja que la gente le pida lo que necesita pero no que le ordenen. La típica persona que sonríe si le apetece y si no, pues no. La típica persona que dice las cosas directas, sin preámbulos. La típica persona que, de entrada, me gusta. A pesar de haberle dado trabajo de más un montón de veces…con llaves, pequeños incendios en el laboratorio (pero pequeños, eh…) y alguna que otra maquinilla rota, él no sólo me ayudó a montar el microondas loco sino que me acompañó a comprar todas y cada una de las pieza. En las idas y venidas me descubrió a alguien inquieto, con un humor ácido  y sarcástico. Alguien que llega a una tienda de maquinaria para fontanería (creo) y observa minuciosamente una especie de pistolilla con la que cuando apuntas y “disparas” puedes saber la tempeatura del objeto en cuestión. (1) “És pel meu fill…no saps el que costa posar un termòmetre a un nen”. Y yo me parto. Pero lo mejor es que lo dice en serio. (2) “La hipoteca de la casa la vaig pagar amb el que vaig guanyar a Terranova”. “TERRANOVA???” Sabía que había sido pescador, pero aquello iba bastante más allá de lo que me podría haber imaginado. Siempre me habían fascinado las historias de esos barcos pesqueros lúgubres, en los que se va perdiendo lo humano mientras el mar gana terreno a las almas de los hombres. Porque a pesar del frío, los temporales; a pesar de todas las horas sin dormir; a pesar de que si te caes enmedio del océano, nadie puede parar su trabajo…sencillamente, mala suerte;  a pesar de tener que aguantar situaciones como horas separando fletán en una cámara refrigeradora… una vez han empezado, muy pocos pueden dejarlo. Vuelven a sus casas después de meses y se combierten en una especie de zombies alienígenas, gente que no pertenece a otro mundo más que el de ese sur brutal, hecho de océano, viento y hielo. Y siempre vuelven. El-chico-de-mantenimiento, en dos años, paró…le habían metido directamente a capitán. Y aunque casi tube que sonsacárselas, en su cabeza se habían quedado danzando miles de historias de meses navegando, temblando, pescando, sobreviviendo. (3) “No em puc creure que t’interessi això…” “I jo em podria embarcar a un barco d’aquests?” Me miró. (4) “Jajajajaja…per poder, podries i estic segur que aguantaries…però a tu, amb aquesta careta, se’t mengen!” El microondas, quedó impecablemente montado. (5) “Tu ara oblida’t de la maleïda Terranova i ocupa’t de que això no exploti…sino, el primer que va a la presó és el teu jefe, després tu i després jo per haver-te ajudat”. “Senyor, sí, senyor!” Desde ese día de confesiones heladas, cada vez que me lo cruzo,  se le escapa una mirada cómplice y una sonrisa…porque sabes que te pillé, mi capitán.

 

LOS DIÁLOGOS EN CASTELLANO:

(1) “Es para mi hijo…no sabes lo que cuesta poner un termómetro a un niño”.

(2) “La hipoteca de la casa la pagué con lo que gané en  Terranova”.

(3) “No me puedo creer que te interese esto…” “¿Y yo me podría embarcar en un barco de estos?”

(4) “Jajajajaja…por poder, podrías y estoy seguro de que aguantarías…pero a ti, con esta carita, ¡se te comen!”

(5) “Tú ahora olvídate de la Terranova maldita y ocúpate de que esto no explote…sino, el primero que va a la cárcel es tu jefe, después tú y después yo por haberte ayudado”. “Señor, sí, señor!”

 

 

Saltdrop