Sobre jaulas, miedo y libertad

 

Geo

 

 Una persona muy importante para mí en los últimos años; un consejero; una bocanada de ánimo…un gran amigo con un riquísimo mundo interior, me mandó un comentario para la entrada anterior. Me pareció muy…”él”…y, aunque en algunos momentos habla de mí (teniendo en cuenta que es desde la perspectiva de alguien que me quiere y me aguanta. Hmpfffffff…aún no sé ni cómo!!!), he pensado que mucha gente de la que tengo alrededor últimamente podría verse también entre líneas (así, rápido, se me ocurren cinco). O arrancarles, como mínimo, un “¡Es que es eso!” Le pedí permiso para publicarlo y me lo concedió (después de corregir su español…ay…¡perfeccionista hasta en eso!) . Ευχαριστώ πολύ…porque si te digo vielen dank te enfadas…jejejejeje. Ahí va.

 

 

  

 “Qué experiencia más profunda que viviste ese día y qué texto más puro has escrito… Me recuerda los días en que yo mismo salí de la rutina e hice algún viaje solo. Todo lo que veía tenía esa intensidad que se pierde cuando uno anda por el camino cotidiano, pensando en la presión del trabajo. Lo curioso es que no se puede forzar esa percepción simplemente buscando una tierra desconocida; hace falta estar abierto. Presión y preocupaciones. Miedo y dolor. Esas son nuestras jaulas en la vida. Hace mucho que no me pregunto si existe el infierno: para algunos existe aquí en la tierra. No conozco casi nadie que no quiera cambiar su vida. Tampoco conozco casi nadie que cambie su vida. Se dice que a los elefantes se les “entrena” para obedecer desde pequeños atándoles un tronco de árbol a un pie. Cuando son pequeños, no tienen la fuerza suficiente como para mover el tronco, se rinden, se quedan quietos, cansados y con dolor. Una vez adultos, se han acostumbrado y cuando sienten esa cuerda en el pie, se quedan quietos sin usar su fuerza para liberarse.

Los humanos nos podríamos liberar con la fuerza de la mente. Pero ésta es tan fácil de manipular como los elefantes. ¿Dónde están los pensamientos puros que nos liberan? Hay poca gente que conversando con ella tenga algo que decir. O algo que no sea esa otra frase típica que no te sorprende. Todo el mundo piensa igual, actúa igual, te valora igual, con los mismos prejuicios. Si la mayoría o la autoridad dice algo una cierta cantidad de veces, el resto lo seguirá. Como ovejas, el deseo mayor es buscar protección siguiendo caminos comunes, quedándose en la compañía de los demás. Esto debe de ser un instinto humano y no hay nada de malo en ello. Pero hay algunos que sienten una pasión por algo: el mar, hacer fotos, música, arte, dejar su carerra para seguir a su pareja… La decisión de dedicarte a lo que te apasiona nunca lo van a comprender los que no comparten una obsesión, una locura. ¿Cómo quieres explicar que estás dispuesto a seguir un cierto camino, incluso si te destruye? Alguien me dijo: “Claro, hablas así ahora, porque eres joven”. Mi respuesta fue que hablo como un viejo, porque siento que la vida es corta y no se sabe cuando va a ser el último día. Plazas fijas y dinero no dan nada más que una vacía ilusión de seguridad. ¿Renunciar a una pasión por volverse funcionario sin tener en cuenta que cualquier día se nos puede caer un piano o un meteorito encima? Bueno, llevo con la misma conversación hace cuatro años y ya he perdido la rabia contra la gente que en vez de entender quieren convencer. Cada uno vive su vida como le parece. Quizás también por eso hace falta cierta medida de soledad en el proceso de aprender a expresar algo más profundo de lo que se ve con un primer vistazo. Es demasiado fácil influir en la mente humana y si uno no busca condiciones favorables no encuentra la fuerza. No es casual que el símbolo de iluminación en muchas culturas sea la meditación del que busca en una montaña o en el desierto. Si tengo rabia es por la falta de fuerza, por no haber abierto esa jaula antes. Rabia hacia la escuela,  hacia las notas (lo que me alivia es saber que nunca hice mis deberes). Liberarse de la presión que causan las preocupaciones y del dolor que causa el miedo… Lo primero es más superficial y fácil de ignorar con un cierto optimismo. “¿De qué vas a vivir? ¿Cómo pagarás tu jubilación?” Puedes encontrar una solución para cualquier situación. Y si no la hay, pues tampoco ayuda preocuparse.

Pero el tema de este texto es el atreverse a expresarse mediante una arte (música, fotos, pintura, escritura… u otros que se expresan patinando, surfeando, escalando). Y esto siempre conlleva el miedo de “¿y qué pasa si no tengo nada substancial para transmitir? ¿Y si mi vista del mundo es trivial?” Mira, por ese miedo nos hemos quedado estos años en la academia buscando seguridad. Tú al menos te atreves a salir un domingo y hacer 357 imágenes. Yo no borro fácilmente imágenes, sino que me bloqueo incluso antes y ni abro la bolsa de la cámara. ¿No es raro eso? Todos los turistas pasan por la cuidad y hacen 300 fotos y luego enseñan todas las 300 a sus amigos. Pero tú las borras y yo ni las quiero hacer… A esto se le llama miedo. No borres imágenes, ni siquiera las malas. Si vuelves a mirarlas en 10, 20, 30 años te pueden dar una comprensión más profunda de ti y de tu arte. Necesitas ver tanto la evolución de una sesión de fotos (la mejor foto es la primera o la última, ¿cómo te acercaste?), como la evolución de tu visión en el camino de tu vida. Por eso prefiero los negativos analógicos, porque cada instante que capturo está capturado definitivamente, no se borra accidentemente. Los negativos no los enseño a nadie, no me los miro, pero llegará un día en mi vida que diré: “Ahora necesito ver todas y cada una de las fotos que hice”.  Es un tesoro que se guarda para cuando en el futuro uno pueda sacarle algo, o se sepa enfrentar a las imágenes. Incluso una foto mal hecha puede contener una visión que te servirá como guía para conocerte y dirigir trabajo futuro. Cuando dijiste que no eres fotógrafa me reí por una mezcla de razones: me recordaste a Henri Cartier-Bresson, que en una entrevista emocionante (te la pasé en DVD), dice que él no es un artista, simplemente hace fotos y que para qué esto de los títulos, nombres y declaraciones. Decía que cualquier persona sensible es un artista. Y eso lo dijo Cartier-Bresson, el padre del arte del fotoperiodismo… También me reí porque me emociona ver esa pasión tuya por ver, descubrir, crear, expresar. Esa energía, fuerza y optimismo. Lástima por  los que se hacen llamar “fotógrafos” y no la tienen… El entusiasmo puro e irresistible es lo más importante. Yo tampoco digo que soy fotógrafo, pero digo que me dedicaré a ello a partir de ahora. Incluso si un día me llamaran o me llamara a mi mismo “fotógrafo”, no sería la única cosa que estaría haciendo. Me preguntabas para qué es necesario definirlo y limitarlo a una categoría… creo que en el mundo en el que vivimos hay que usar títulos para que los que no intuyen quién eres, se queden tranquilos… Un editor imprimirá tus imágenes antes que tu currículum o los títulos que tengas, pero en sus páginas pondrá “fotógrafa” para sus lectores. Lo importante es no limitarse con esos títulos. El hecho de ser biólogo no implica una falta de otros talentos ni la oportunidad de desarrollarlos. La diferencia está en limitar tu vista a la situación actual y actuar en base al miedo, a las expectativas de los demás, siguiendo el camino determinado por otros; o bien en llegar a conocerse a uno mismo, tener una visión, un mapa crudo de tu vida, con cada decisión fiel a esa meta, incluso si hay desviaciones, retrasos y problemas. Un amigo me dijo que lo extraordinario de Steve Jobs (jefe de APPLE y PIXAR), es que siempre ha tenido una película interna de su vida. Por eso me alegro de que aquel día tubieras esa visión de ti en un contexto temporal. A mí también me ha pasado; en un momento te acuerdas de todos los sueños y deseos de cuando eras pequeño y entiendes tu camino, te entiendes a ti mismo, a tus errores, y descubres el próximo paso. Cuesta lograr este paso, pero a partir de ese momento, una vez que reconoces la jaula, no hay marcha atrás. Es como la pastilla roja en Matrix. Cambia tu realidad. Intentar olvidarlo y no enfrentarse a ella sólo aumenta poco a poco el sufrimiento. Y esta es la solución: el enfrentamiento con tu propio miedo. Al final se trata sólo de eso. Yo tengo que hacer las imágenes y tú tienes que publicar las tuyas. Es sorprendente que incluso nuestra propia inteligencia trabaje contra nosotros ayudándonos a encontrar excusas… Quizás también este blog sea sólo un alivio para no arriesgar de verdad. Cuánto me ha costado admitirlo, y qué fácil fue al final…”

2 pensamientos en “Sobre jaulas, miedo y libertad

  1. Precioso texto… he llegado a este blog de rebote del blog del que creo es el responsable del texto… si, me ha gustado mucho el texto, me veo refelejado en él, solo sé que hace tiempo que yo también he visto mi jaula, ya la reconozco, la miro y mido su espacio… pero sigo sin encontrar la llave para abrirla y eso a veces me desespera…ya, ya lo sé, lo mejor será no obsesionarse…la llave sé que me llegará algún día ella sola. Y entonces si, entonces volaré libre!!!!
    PD: me gustan mucho los textos y las fotos del blog… Se ve que hay buen ojo para captar momentos. Saludos del Pirata del Uluwatu

    • Gracias Pirata Uluwatero!!! Hum…creo que el amigo que me mandó este texto no tiene blog, que yo sepa…si lo tiene y no me ha avisado, tendremos que intercambiar cuatro palabras!! 🙂 Sea como sea, me alegro de que hayas topado con este pequeño espacio y que puedas disfrutar de él de la manera que sea…Bienvenido!!

      Yo también he encontrado mi jaula…y también me obsesiono y me desespero. Pero he llegado a la conclusión que con haberla reconocido ya es muchísimo… Quizás entonces se trate de transformala, verla como una oportunidad para reunir fuerzas hacia un cambio, no rendirse y esperar un poco más, no rendirse y esperar un poco más…al final, seguro que la llave acaba apareciendo en nuestra mano.

      Un saludo del este y buenas olas!!! 🙂

      PD: Vi tus fotos hechas con la cámara rusa… Me encantaron!!Larga vida a la películaaaaaaaaaaa!!

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