Se me olvidó que te olvidé…

Frida

Esperaba el ascensor y llegó una mujer con su perro. Lo llamé y cuando me agaché tendiéndole la mano para empezar con la seducción del holisqueo y las caricias, la mujer me previno: “No, no lo toques…Es muy bueno, no es que muerda ni nada, pero le tiene un miedo terrible a la gente. Cuando le quieren tocar, ladra y se pone muy nervioso”. Yo seguía agachada con la mano extendida y mientras la mujer hablaba, el perro ya estaba ahí, oliéndome mientras movía la cola. Tenía el pelo negro y brillante; la mirada canela e inteligente. Pero alguien más entró, rompió el momento, el perro efectivamente se asustó y el desenfreno de ladridos no tardó en llegar. “Lo abandonaron, ¿verdad?” “Sí, eso creo…lo recogimos perdido y medio muerto en la montaña.”

Llegué al piso de mi tía y al abrir la puerta me econtré con un nuevo habitante. “J. y su novia lo han dejado. Él está buscando otro piso, pero no tenía dónde dejar al gato mientras tanto y me lo ha traído a mí.” Cuando le llamé, con ese aire felino (y extremadamente atraiente) de vengo-porque-YO-quiero, se acercaba y se alejaba; conociéndome para después reconocerme. “¡Es más raro este gato! No para quieto, casi no deja que me acerque a él…” Ya le estaba acariciando la barriga con su sonoro ronroneo cuando algo cayó en la cocina y de un salto huyó a un lugar oscuro y seguro. “Cuando viene el dueño a verle, es peor porque luego se va y el gato se queda nerviosísimo, no me deja ni dormir” “Lo abandonaron, ¿verdad?” “Sí, se lo encontraron en una caja al lado de un contenedor de basura”.

El lugar donde trabajo es ideal para dejar animales no deseados y largarte. Enmedio del bosque, aparentemente lejos de todo. Por eso cada cierto tiempo, llegan perros y gatos perdidos buscando algo…quizás comida; quizás afecto. Después de unos días, siempre hay alguien que se compadece  y se lo lleva a casa. Pero el sentimiento de abandono se les ha quedado grabado tan adentro que siguen buscando ese algo…a veces, meses. A veces, años. Y se les ve con el miedo a que les olviden impoluto, como una lacra. Yo misma cogí una gata del bosque. Salía del trabajo y ella saltó de algún lugar. Cuando la acariciaba,el saquillo de huesos se deshacía en ronroneos.  Fui al coche, me siguió y se metió dentro. Pero fue esa mirada perdida, pidiendo y buscando, ese vacío de ansia de cariño, lo que me mató. La llevé a casa y le puse el nombre de una pintora mejicana que, como ella, sobrevivió al dolor, al rechazo y a la necesidad de que amor sin querer admitirlo. Todo el que la conoce coincide en que no es una gata normal… y yo digo que lo es como lo son todos los seres que llevan el “no-me-importas” dentro. Es cierto que no dejo de sentirme cruel a menudo por tener encerrado a un ser al que quiero, por no concederle la liberad de irse si necesita buscar más y volver si me echa de menos. Pero supongo que esto mismo podría ser un argumento para todos aquellos que dejan a los animales enmedio de la nada cuando les molestan. Primero, tienen el capricho de tener uno, como si fuera un mueble más. Así que lo compran, lo meten en casa y lo “domestican”. Luego, cuando ya depende totalmente de ellos, llega un momento en que cansan y supongo que deben pensar “Vamos a dejarle en la Naturaleza, de dónde ha venido, para que esté libre. Y yo, me largo”.

No entiendo cómo alguien puede hacer algo así…y demasiado a menudo me avergüenzo de lo egocéntricos que podemos llegar a ser los humanos. Quizás estaría bien que de vez en cuando nos preguntáramos quién debe “domesticar” a quién…

4 pensamientos en “Se me olvidó que te olvidé…

  1. Y ahora al llegar el verano los abandonos crecen exponencialmente, en la escuela deberia haber una asignatura que se llamara “los animales no son ojetos y tienen sentimientos” o algo así, para que la gente aprendiera que no se les puede tratar como un jarrón, que cuando te cansas lo tiras y ya está.

    Mi perra está casi ciega y le veo sufrir, poco se puede hacer, qué penita da…

  2. Pues sí… quizás ellos también tubieran que probar el abandono!

    Lo “poco” que puedes hacerle es seguro lo que ya haces: muuuuuuuuuuchos mimos, que ya es muchísimo. Mejor que cualquier pastillica!

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