Nire uhina…La meva onada…Mi ola

Kukurustan iba pidiendo: “Ya que estás lejos, ¿me mandas una ola?”. Algunos se las hemos ido mandando y esto es lo que hizo con la mía. Qué manera de embellecer todo lo que recibes… MZ baby!

Lauraren ametsa

“Aparqué el coche. Estaba amaneciendo. “Hoy está perfecta, hoy sí”. Me cambié y remé hacia el pico. Ahí estaba; rugiendo como si sólo con verme venir ya estuviera relamiéndose pensando en la comida que me había preparado. Imaginando cómo me volvería a mandar a la lavadora que ya había puesto en marcha para ver si así me quedaba bien clarito en qué consistía la fuerza centrífuga. Pero hoy, sin quererlo, yo había llegado a ella de una manera muy distinta: hoy era rotundamente feliz. Seguramente porque el día anterior supe que me iban a publicar algunas de mis historias y me proponían un viaje; querían más. Seguramente porque esa mañana, al despertar y verle a mi lado, me había dado cuenta de que hacía tiempo que olvidamos la inquietud del todo o nada. Así que hoy, remando frente a esa pared que me había tentado una y otra vez, yo, sencillamente, fluía. Hoy, la muy arrogante, me iba a aceptar. Creo que la diferencia fue que al empezar a ver venir la serie noté cómo no había nada en mí que no la quisiera, que no la esperara. Ni resto de media cabeza en lo que tengo que hacer, en lo que me falta, en mi inquietud. Esta vez, realmente estaba ahí. Y, frente a la amenaza de ella, me acerqué al miedo de puntitas y por detrás para cogerlo del cuello y mandarlo a tomar por saco tierra adentro. “Ahora sí que no te oigo más”. Ahí venía…majestuosa, imponente, marcando ese agua que indudablemente es suya. Pero yo ya me giraba y remaba sin querer implorarle que me cediera un poco de su sal. “Esta vez, si no me la da se la quito”. Ya la sentía detrás, ya la oía detrás y ahí iba… Mientras veía cómo la pared se levantaba delante de mí, yo le metía gas. Empecé un take-off  loco pero esta vez sin prejuicios y me deslicé mientras la sonrisa ya no me cabía en la cara. Vi cómo hoy no iba a putearme; iba a seducirme. Y yo la abrí, la giré, la rompí, la corté, la sentí, la noté, la amé y le dije y le dije y le dije… hasta que lo que quedaba de su energía me devolvió  de dónde había venido con una suavidad que sólo la estaba preparando para la siguiente. Una suavidad igual a la de un lento cambré al final de un intenso tango.  Me vi recordando mi primera ola en un mar extranjero lleno de algas enormes y socorristas. Ya habían pasado más de diez años; lo que me hacía pensar en todo lo que mi mar me dio al regresar…y en todo lo que me quitó. En cómo al ver que no, que ahí no había olas, decidí hacer de mi firma una serie. Como para que un día a día de mar de espejo no me hiciera olvidar que si ellas no venían a mí, yo tendría que ir a por ellas. Y ahí, en ese océano del que hacía un tiempo había hecho mi casa, volví a por más…”

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