Aquí están mis credenciales…

La soledad es como una fruta. Dependiendo del momento, de cómo se tome y del motivo por el que aparece, puede ser terriblemente ácida o exquisitamente dulce. Hace años, apreciarla era algo que me costaba… pero ahora he aprendido a abrirla, desgranarla y saborearla. Es cierto que cuando hay que beberla sin quererlo puede saber más amarga que el más asqueroso de los jarabes. Esos rojos o verdes que te hacen tomar de niño, sin que tú puedas entiender muy bien por qué, además de estar enfermo, te someten a semejante tortura. Pero cuando llega o cuando se busca, esa misma soledad es tan necesaria como la mejor de las compañías.

Os dejo dos recortes solitarios de mí. El primero, una canción con la que topé un día, “Soledad” (clikad encima para escucharla),  interpretada por dos voces del mismo continente y de la misma suavidad: el cantautor uruguayo  Jorge Drexler y la cantante de música popular brasileña Maria Rita.

El segundo, el resultado de una de mis mayores predilecciones en soledad y acompañada: cazar momentos. En este caso, vienen de un paseo por mi latir, mi manera de ver y una playa.

Y el niño-araña (K. me gustan tus ideas de bombero piratil…jeje).

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Summertime (and the weather is good good good)

Yo no me he enterado (para variar)  pero creo que definitivamente, sí: el verano ya llegó. Algunos posibles indicadores son los siguientes:

1) Te pones feliz al encontrar un hueco para aparcar el coche… pero el camino que lo separa de la playa es de exactamente 14 minutos a pie (lo he contado…y mira que soy rápida de narices).

2) Al llegar a la arena, ya no sólo hay gente mirando extrañada el cacharro que llevas en la mano, sino que también aparece la voz esa de “Mira neeeengggggg!!! Peero qué peaxo de trasto que trae esa pibaaaa!!!”

3) Por supuesto, imposible extender la toalla… encuentras un riconcito para dejar todo apelotonado.

4) La abuela que está tumbada al lado, mientras vigila al famoso y siempre mítico “niño de la pelota”, te dice “Tranquila, reina, tú vete a bucear que yo ya te vigilo los trastos”.

5) Entras al agua y unos niños salen gritando hacia su madre “Mira, mamá, un buceador, un buceadooooooooooor!!!”, como si hubieran visto a un alien (ni siquiera se fijan en que el buzo en cuestión, mira tú por dónde que es una buzA).

6) El agua está a reventar de gente nadando…esta vez, no me hace falta convencer a nadie para que medio se ahogue haciendo posturitas delante de la cámara (ya llegará, ya…).

7) Al salir y pasar por delante del chiringuito, el camarero argentino de siempre, como si no te hubiera visto nunca, te sigue con la mirada al pasar. Mientras, tanta hormona estival retenida en su cuerpo le impiede refrenarse y empieza a cantar “Garota de Ipanema”. Hola, Lucio…

Podría seguir y seguir pero lo dejo aquí, que el 7 me gusta (mucho). Así que nada… el verano está en pleno auge y yo tan en mi mundo que me ha costado más de un mes entrar en el tema. Y no sé por qué, ya empiezo a soñar con el otoño…

Sailingboards

Tengo un pensamiento vagabundo y mi mente  hacía semanas que iba sola recorriendo imágenes entre espuma. Pero al llegar, lo que encontré eran más gestos marinos que olas (entre otras cosas) y se esperaba que fuera tendiendo más bien hacia mi querido plato.

Empezaba a pensar que Neptuno ya no me quería. Pero mi desconfianza se fue a pasear hasta la próxima calmachicha cuando apareció alguien que, gracias a sus tablones como troncos, nos permitió colmar el anhelo de deslizamiento. Para mí, un buen entrenamiento. Para el talismán blindado dentro de la carcasa, una oportunidad.

(SURF: Koko, Kuku & fille et garçon)

PD: Girls, dadle cañaaaaa!! Que yo os seguiré los pasos… (sí, me salvé del choque frontal…y en lugar de la mirada agria que me esperaba, recigí una sonrisa).

“In a world of suffering, why should I be so blessed?” (B.Dennen)

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Hay muchos cooperantes por el mundo. Ayudar es bonito y eso. Ayudar con la compra a una ancianita, ayudar con las pinzas y la batería de tu coche a uno que se ha quedado tirado, ayudar a limpiar los platos después de una cena de despedida. O, como en las pelis yankis,  ayudar bajando el gato de la vecina del árbol. Algo que debe de pasar sólo en Oklahoma o por ahí, porque aquí yo no he visto ningún gato que pueda subir a un árbol y luego no pueda bajar… deben de ser las hamburguesas. En fin, cooperar… qué bonito. Pero resulta que algunos no tienen suficiente con eso, no no no noooooooo!!!! Y deciden hacerse “cooperantes”. Que significa irse a un hospital más de un año a Sierra Leone, perdido enmedio de la nada, a ayudar a tirarlo para adelante. Por ejemplo. Eso deja de ser “bonito”. Convierte el  “Capità Enciam” (o “Capitán Lechuga”), ese de “los pequeños cambios son poderosos”, un verdadero mito infantil para algunos… en un panoli. Convierte el rollo “vamos a ser buenos en el día a día”, en una ridiculez. Hum….ahora sí que lo voy pillando.

Yo creo que será culpa de todas las horas que nos pasamos en el bar de la Facultad… ahí sentados, tanto tiempo para pensar en nada y en todo, yo creo que no podía ser bueno. Él decidió hacer un máster en “medicina tropical”. Y bueno, tú piensas: “Es que le gusta viajar y tal”. Pero ahí no queda eso…que tú llegas tan contenta y despreocupada a un bar de Gracia para tomar una cerveza tranquila y te dicen “¿Sabes lo de X.?”. “No…¿el qué?” “Ah….ahora te lo dirá él”. Y el niño en qüestión llega también todo feliz. Tú no aguantas más: “¿Qué es eso que tienes que decir?”, pensando que sería una cosa normal. No sé…que le han robado la bici, que su jefe le ha recomendado que se cambie de trabajo…no sé, algo normal. Pero él te suelta: “Me voy a Sierra Leone, a trabajar en un hospital” Se te ponen los pelos de punta y….”QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE????” Pensando que es un una más de sus aventurillas, preguntas:  “Cuánto, cuánto tiempo?” “Ocho meses, quizás más…”. Supongo que lo suyo sería decir eso de “Fua, qué orgullos@ estoy de ti, arriesgar tu vida por ayudar a los demás” pero a mí me salió más bien:  “PERO ESTÁS TONTO O QUEEEEE???!!! Mira que si  hay que ir a buscarte entre traficantes de diamantes, gobiernos corruptos y guerrillas varias se hace, pero luego te voy a soltar una bronca que te vas a enteraaaaaar!!!”. Él, se parte  “Sí, ya ya….la que sólo piensa en bucear con tiburones”. Algunos ya estaban planeando la visita al país de los sueños robados… pero yo no abandonaba la idea de que, aunque sea un país con mar, no iba ni jarta. Así, no por falta de ganas, sino más rollo pataleta. Y él se parte.

Luego se le hace una fiesta de despedida en un bar. Le preparamos un paquete con cosillas que pueden ser útiles durante unos meses en las entrañas de África. Cada uno le pone dentro una movida distina…y yo le pongo una magdalena. Para el viaje, que debe de ser largo.

Viene un par de veces durante esos ocho meses, que al final fueron más de un año. Cuando le llamas como deseando oír una voz entera, coje el teléfono diciendo: “Eh, ¿qué te cuentas?” Como si acabara de volver de la vuelta de la esquina con el pan bajo el brazo . “Aaaaaahhhhh!!! Como que qué me cuento!!!!!!!¿Cómo estááááááááás?” “Bien, muy bien. Muy contento.” Y te empeza a contar movidas triviales, algunas no tanto. Y conociéndole sabes que tienes que esperar a sentarte con calma para que vaya soltando todo lo que ha visto, que no debe de ser poco.

Volvió…y se volvió a ir. Nada más ni nada menos que a Monrovia, la capital de ese país en el que rodaron una peli de surfing un tanto peculiar “Sliding Liberia” (es raro ver amigotes liándola en un país destrozado por la guerra…pero hay que reconocer que está llena de imágenes de las que te quedan grabadas). Estando ahí, alguien que trabaja en la misma ONG comenta eso de que los-mandan-y-están-superdesamparados. Y yo ya me empiezo a poner nerviosa. “Que vuelvas ya, ****” (los asteriscos representan un taco. Ay, qué políticamente correcta que soy…). Cuando vuelve, ha pillado algo. En Liberia le decían que era malaria, siguió el tratamiento y cuando volvió aquí le dijeron que de malaria, nada de nada. “Me han dicho que es gripe porcina, ¿sabes? Ésa de la que hablan por la tele. Si es humana, nada, todo bien….si es animal, es la de la pandemia y entonces…pues ya te diré”. “Conociéndote a ti, es animal fijo. Bueno… así tendré un colega famoso”. Luego, un mensajito confirmó que era más humano de lo que yo creía…ahora que ya había avisado a los medios.

Hum….estoy notando que este blog empieza a tener sed de impresiones africanas… y que al niño le está empezando a volver a picar el gusanillo de hacer las maletas. Pues tú no te cortes y ráscate. Aunque, si es por nosotros, no lo hagas…que ya nos ha quedado bien claro que tienes un buen par. Así que respondiendo a tu pregunta de si donde quiero irme necesitan un cooperante… oye, siempre va bien alguien que ayude con la compra, te de sal cuando te falta, te cuide el gato… bueno, yo lo pregunto: ¿¿¿ALGUIEN NECESITA UN COOPERANTE???

T’estimem, nen.

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic X.Ibáñez

Pic X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Pic by X.Ibáñez

Cuando la costumbre infantil de preguntar “por qué” se te incrusta

Una mañana cualquiera: “¿Tú cuando compensas oyes un silbido?” “No…¿tú lo oyes?” “Sí, hace ya un tiempo. Me duele”. “Pues deberías ir al médico”.

El tímpano, una fina membrana que comunica el canal auditivo externo con el oído medio. Que está entre la parte de fuera del oído y la de dentro, vamos. Al final, una gran fragilidad invisible que se hace claramente presente en cada inmersión. Nuestro punto más sensible puede convertirse, si se daña, en lo que nos arranca del fondo: a medida que nos sumergimos, la columna de agua ejerce más y más presión sobre nuestro cuerpo. Cuando este agua  entra dentro del oído, el tímpano recibe esa presión creciente y se va curvando hacia dentro. Lo notamos cuando duele. La solución es lo que llamamos “compensación”: te tapas la nariz  y expulsas aire por ella, de modo que estás mandando ese mismo aire por el interior del oído…hasta que llega al tímpano. Así, la membrana curvada se ve empujada de nuevo hacia afuera, recupera su posición original et voilà. Problema resuelto. Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeero puede no ser tan fácil. Pueden aparecer pequeñas grietas si no se hace de modo correcto. Y sí, para los más gores puedo asegurar  que si no se compensa, sea por el motivo que sea, el tímpano revienta.

Tres días más tarde: “Me han encontrado un pequeño agujero en el tímpano”. “¿Y qué te han dicho?” “Al principio, que no buceara en un mes y me pusiera gotas. Cuando ha visto mi desesperación al decirle que trabajo bajo el agua…me ha contestado que bueno, que entonces podía bucear pero con tapones. ¡Pero si no se puede compensar con tapones!”. “Espero que no vuelvas más a ese médico”.

Una semana más tarde: “He vuelto al médico”. “¿Y qué te ha dicho?” “Que el agujero es muy pequeño en realidad y que si es totalmente necesario puedo bucear. Además dice que con el agujero el agua podrá entrar dentro del oído y así no necesitaré compensar…” “Claro, claro… Se le olvidó el pequeño detalle de que los humanos tenemos dos tímpanos y no uno. Qué bien…tú no compenses, así uno se te pone en su lugar solito y el otro sencillamente se va a tomar por saco”. ” Le he dicho que yo me ponía las gotas, pero que él se fuera a tomar un café”.

Si eres un médico de cabecera, supongo que no tienes por qué saber los entresijos del oído y el buceo. Pero si resulta que eres un otorrino, como era el caso, quizás va a ser que eres un especialista y tendrías que conocer mínimamente como funciona el tema. Aunque no confíe mucho en los médicos, no me atrevo a criticarles  desde que uno de ellos, directo y con poco tacto, me dio un poco de sufrimiento sin miramientos a cambio de salvarme a tiempo. Ok, gracias. Aunque también es cierto que hay ciertas partes de nuestro cuerpo que a veces duelen y ellos no saben decir por qué. Por eso, cuando voy a una consulta exijo una explicación clara de lo que ocurre. Y si es necesario, lo discuto, pregunto más, intento comprenderlo, no evito contradecirlo. Siempre con el punto y final puesto por la disculpa de mi antigua acompañante incondicional (“No, perdónela, es que es bióloga…”). Por eso digo que yo, al médico, prefiero ir sola. Prefiero escuchar y usar el sentido común. Prefiero ceder si en algo no tengo ni puñetera idea, pero pedir que haga el favor de escucharme si sé de qué está hablando.

Le dije al buceador en cuestión que escribiría lo que le pasó en el blog. Me dijo que no lo hiciera. Pero lo siento, tengo que hacerlo… Para que los buceadores cuidemos nuestros oídos como si fueran el aire que respiramos. Para animar a cualquiera que lea esto a escuchar de verdad los mensajes que recibimos de nuestro entorno. Para indignar a algunos. Para divertir a otros. Para acordarme de que no hay nada incuestionable. Para, sobretodo y antes que nada, no olvidar que hay que aprender y aprender para luego poder ir pensando por uno mismo. Con humildad y sensatez.

He oído decir que a fuerza de compensar y compensar  el tímpano se endurece…y que por eso los buceadores acabamos medio sordos. No sé si es cierto o no, pero a veces creo que quizás sería mejor porque, como dice mi abuelo, “para lo que hay que oír”…

Splaffffff…sshhhhppppffff….splafffffff!!!!

En un lugar mágico con un fondo de roca y un mar casi calmado, colmé los deseos de mi cámara y talismán. Ella, que estaba tan acostumbrada a las olas, ha vuelto a ellas. Y yo, me he reencontrado con algo desconocido y raro de dentro que me hacía estar ahí realmente para buscar cliks que dijeran algo. No es fácil, ¿pero quién ha dicho que me guste lo fácil?

Esto son sólo pruebas que irán goteando por aquí hasta que llegue a algo… o no. En todo caso, creo que muchas más imágenes llenas de espuma están por venir. Sí, ya lo he notado y ya lo necesito. Cada vez más y más grande. Estoy flipadísima (¿o lo soy?). Locura total.

Gràcies K. per acompanyar-me de nou…quants somnis inmòvils en aquestes imatges aquoses!!!

SURF: Kukurusta

Esquitxos (salpicaduras)

Nada más empezar a buscar imágenes bajo la superfície, empezaron a llegar las ideas. En realidad, no son más que una huida a todo lo que está por llegar, una manera de alimentar el “pero yo lo quiero ya”. Para poder empezar a hacer crecer esas ideas me hacía falta algo: gente que me cediera movimientos acuáticos. La verdad es que no creía que eso fuera a ser el mayor inconveniente…

Supongo que es la pereza o que siempre hay algo mejor que hacer que, como dicen algunos, hacer el Pelizzari para mí…pero el problema es que cuando se me mete algo en la cabeza, tengo que hacerlo. Así que después de que bastantes hayan escapado, a algunos les he cazado y a otros les he robado segundos de movimiento. De momento, no ha habido nadie que haya pasado de “esto es divertido” y quiera meterse de lleno en mi juego. Una gran desilusión después de que me haya parecido encontrar a la persona adecuada y se haya entusiasmado con mi locura. Quizás sólo me lo parece a mí, que estoy medio borracha de disparos en remojo. Pero por eso no dejaré de buscar a ese alguien.

Cada noche se enciende la piscina comunitaria de casa y cada noche recuerdo cómo deseo que alguien venga conmigo a esa luz y seguirle. Pero los de mi alrededor ya me han pillado. Y cuando digo por enésima vez, como quien no quiere la cosa: “Ay, mira, está iluminada la piscina…” recibo un “Jajajajajaja… ¿te apetece una cerveza?”  El primer día que lo propuse sí les pareció una gran idea pero cuando salté con un “Vale, pues vamos ahora? “ también llegó el “Jajajajaja… ¿quieres una cerveza?” Estoy empezando a odiar la malta.

A veces pienso que tengo una obsesión. Y cuando vamos a la playa me digo: “Va, deja la cámara. Déjala un día”. Luego, la llevo por si acaso. Luego, estoy llegando a la playa, no encuentro sitio y tengo que aparcar a tomar por saco. Luego me asalta un “Déjala, que llevar todo el peso para un rato…déjala”. Luego aparco y lo intento. Pero es que no puedo. Así que suelto un a-tomar-por-saco mental, cojo la cámara, me cargo el equipo y bajo la cuesta con mis 30º a la sombra. Otra vez vuelvo sola a arrancar movimientos fluidos a desconocidos. Pero vuelven las ideas, acepto la obsesión y curiosamente me siento más en paz. Quizás es que además de mi obsesión es mi medicina.

Sé que me estoy equivocando de lugar, de acción.  Sé que en ese otro lugar, en esa otra acción, podría tener horas de fluído azul oscuro batido….pero de momento tengo que esperar en este espejo. De momento, puedo dejaros algunas imágenes de gente  que sí se sacudió la pereza. Para empezar, una estudiante en prácticas que cometió el error de decirme que esa tarde iría a la playa (eh…al final creo que se lo pasó bien) y un amigo al que de vez en cuando rescato de una vida sin sal (quines pintes que em portaves…jeje).