Esquitxos (salpicaduras)

Nada más empezar a buscar imágenes bajo la superfície, empezaron a llegar las ideas. En realidad, no son más que una huida a todo lo que está por llegar, una manera de alimentar el “pero yo lo quiero ya”. Para poder empezar a hacer crecer esas ideas me hacía falta algo: gente que me cediera movimientos acuáticos. La verdad es que no creía que eso fuera a ser el mayor inconveniente…

Supongo que es la pereza o que siempre hay algo mejor que hacer que, como dicen algunos, hacer el Pelizzari para mí…pero el problema es que cuando se me mete algo en la cabeza, tengo que hacerlo. Así que después de que bastantes hayan escapado, a algunos les he cazado y a otros les he robado segundos de movimiento. De momento, no ha habido nadie que haya pasado de “esto es divertido” y quiera meterse de lleno en mi juego. Una gran desilusión después de que me haya parecido encontrar a la persona adecuada y se haya entusiasmado con mi locura. Quizás sólo me lo parece a mí, que estoy medio borracha de disparos en remojo. Pero por eso no dejaré de buscar a ese alguien.

Cada noche se enciende la piscina comunitaria de casa y cada noche recuerdo cómo deseo que alguien venga conmigo a esa luz y seguirle. Pero los de mi alrededor ya me han pillado. Y cuando digo por enésima vez, como quien no quiere la cosa: “Ay, mira, está iluminada la piscina…” recibo un “Jajajajajaja… ¿te apetece una cerveza?”  El primer día que lo propuse sí les pareció una gran idea pero cuando salté con un “Vale, pues vamos ahora? “ también llegó el “Jajajajaja… ¿quieres una cerveza?” Estoy empezando a odiar la malta.

A veces pienso que tengo una obsesión. Y cuando vamos a la playa me digo: “Va, deja la cámara. Déjala un día”. Luego, la llevo por si acaso. Luego, estoy llegando a la playa, no encuentro sitio y tengo que aparcar a tomar por saco. Luego me asalta un “Déjala, que llevar todo el peso para un rato…déjala”. Luego aparco y lo intento. Pero es que no puedo. Así que suelto un a-tomar-por-saco mental, cojo la cámara, me cargo el equipo y bajo la cuesta con mis 30º a la sombra. Otra vez vuelvo sola a arrancar movimientos fluidos a desconocidos. Pero vuelven las ideas, acepto la obsesión y curiosamente me siento más en paz. Quizás es que además de mi obsesión es mi medicina.

Sé que me estoy equivocando de lugar, de acción.  Sé que en ese otro lugar, en esa otra acción, podría tener horas de fluído azul oscuro batido….pero de momento tengo que esperar en este espejo. De momento, puedo dejaros algunas imágenes de gente  que sí se sacudió la pereza. Para empezar, una estudiante en prácticas que cometió el error de decirme que esa tarde iría a la playa (eh…al final creo que se lo pasó bien) y un amigo al que de vez en cuando rescato de una vida sin sal (quines pintes que em portaves…jeje).

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