¿Cansad@ yooo? O algo de Kipling

Hay veces en las que un@ se cansa. De las indirectas; de la falta de palabras de aliento, de los trasmisores de negatividad; de la prepotencia abanderada por el “yo sólo quiero tu bien”; de que le quieran girar la tortilla. De que no le dejen ser.

A menudo, un@ se cansa de tener que dar palmaditas en su propia espalda; de poner barreras a las palabras que descorazonan; de tener que reforzar los sueños; de hacer oídos sordos a la necedad; de tener que dejar que a la autoestima se le haga un callo. De que sea porque sí y para que no  le hundan.

Un@ a veces se cansa de que se dé por sentado que nada le afecta; de que se crea que su mente es como el cuerpo de Hi-Man (algunos no hemos crecido con Hulk); de que le piensen  como el que no se vence. De no poder llorar aunque lo intente.

Sencillamente, a veces a un@ se le cansa el alma, los pies y la neurona.


Pero otras veces un@ convierte todo eso en fuerza y refuerzos; canta cuando le duele;  disfruta de lo absurdo cuando lo lógico se resquebraja. Incluso, otras veces, puede que no le de la puñetera gana de abandonar y abandonarse. Puede que siempre siga nadando hacia la superficie hasta lograr sacar la cabeza y hacer algo tan simple como respirar. Puede que le quede mucho por defender y poco por lamentar.

Puede que sobretodo y antes que nada  haya aprendido a vivir sin dejar de paladearlo. A pesar de todo y por encima de todo. VIVIR.

Los primos de Jack Sparrow

Tres antiguos farreros submarinos nos habíamos reencontrado. También vino la musa. “Hoy hemos ido a bucear a ese lugar donde antes se veía de todo…y ahora ya no hay nada. La vida del fondo se va”. “No te engañés, vós… antes tampoco veíamos de todo siempre. Pero la pasábamos bieeeeen, nos reíííamos… y cualquier pescado minúsculo nos paresía un bicho de dies metros. Es eso lo que cambió: nosotros. Y… jatá”. Tenía razón.

“Ecucháme, hambre, ¿dónde vamos?” “Queríamos ir a las fiestas de San Agustín”. “Jajajajaja… qué bueeeeno… con los Sanagustineeeenses. Pues dale… vamos”. Y ahí acabamos.

Gente de todos los colores. Uno de los refugios de la isla con sus refugiados celebrando que ahí estaban.  Nos metimos en el barullo… y de repente, en un momento, se llenó de diablos echando humo. La musa y yo corrimos a escondernos en un rincón (el fuego me da pánico  aunque a veces no lo parezca. jeje). “¿Dónde está N.?” “Ahí, en primera fila, tía…” “¿Y qué hace?” “Pues…se ríe, con una cara de niño! Se parte! Espera…ahora ha empezado a dar palmas!” “Jajajaja”. “Espera, espera…que ahora está saltando con un diablo!” “Jajajajaja”.

“¿Dónde estaban? Están rebuenas las fiestas sanagustinenses!”

En alguno de los minutos de espera del concierto, apareció entre el bullicio un mito de mi infancia: la hija del profesor de la escuela de windsurf. En los días de temporal en los que a nosotros nos retenían en la playa, la veíamos salir a toda velocidad cruzando la bahía. Y yo ahí, mirando, deseando que pasaran los años para poder estar haciendo lo mismo. “¿Tu cara me suena de algo…?” “Sí. Sí te suena, sí…”

Empezó la música… “Ska cubano”. No diré más. Sólo que algunos dicen que con esa cumbia se les sale el latinoamericano. Y yo digo que no entiendo por qué los bailarines de bailes latinos cuando compiten ponen esta cara:


“Jajaja…sós una pelotuda!”

¿Ves? Te puse el rectángulo como te prometí…de la otra promesa tampoco me olvido. Porque, al final, quizás sigamos siendo los mismos.

Tan lejos y tan cerca

Alguien se levantó de un salto justo cuando el sol bostezaba. Sí, hoy tocaba Gethary… corriendo hacia el aparcamiento. Otro alguien con una sonrisa colgada de cada palabra, esperaba. Corriendo a lograr encontrar un hueco para la furgo. Corriendo a comer algo de energía…mucha gente, mucha gente. Agosto. Y Ella se veía ahí a lo lejos. Casi solemne.

Paseas tu mañana de verano mientras Ella va creciendo dentro. Espérame ahí que yo no sé cuando pero te aseguro que vendré…vendré… Y Ella sigue riéndose, preciosa y potente, a lo lejos.

Pido perdón de antemano…pero que le den al payaso.

Varias casualidades me llevaron a una web que tenía como carta de presentación el siguiente texto:

…martes antes de almorzar, una niña fue a jugar pero no podía jugar porque tenía que planchar. Y así planchaba, así, así, así planchaba, así, así, así planchaba así, así, así planchaba que yo la vi…

Que a estas alturas las niñas sigan aprendiendo la cancioncita es un signo más de la actual situación de los “deportes de tabla” en nuestro país.

Esperemos que llegue un día en que se acaben las palmaditas en la espalda, estemos todos igual y webs como la nuestra pierdan el sentido. Mientras tanto, Asiplanchaba.com es una plataforma para las que planchamos algo más que camisas.


Lo que ahí encontré coincidía exactamente con las imágenes e historias que últimamente me rondaban por la cabeza. Todo alrededor del universo planchador que estas tres chicas han ido montando respira buen rollo. Y no dejo de estar impaciente por hacer algo con ellas ya.

De momento, os dejo la primera parte del video del tour que organizaron este verano en Euskadi. Cinco planchadoras de asfalto dándole cañita. A los que no pudimos estar ahí nos ha dejado más tranquilos seguiros desde la pantalla. Como mínimo, a mí sí!

Bien por l@s que van a por lo que quieren… Felicidades y pa’lanteeeeee!!

33 feet under

Nunca he sabido qué contestar a la pregunta de “¿Cuántos metros puedes bajar?”… hasta hace unos días.

La apnea para mí siempre ha sido un medio, no un fin en sí mismo. Una manera de encontrarme cómoda para buscar en un medio con el que tantos estamos tan irremediablemente atados; obsesionados; dulcemente enloquecidos. En mi búsqueda, los accesorios del buceo “con botellas” me molestan mucho más que la falta de aire. Supongo que nunca había mirado cuántos metros podía bajar porque nunca me había interesado saberlo… hasta hace unos días.

Ha sido más bien curiosidad lo que me ha empujado a coger mi ordenador de buceo cuando fuimos a uno de mis rincones favoritos de la isla. Ahí hay algo de fondo, al que llegué suavemente, sin la sensación de “me está dando algo”. El espíritu de autosuperación que todos tenemos de una manera u otra se despertó con un sobresalto diciendo “si hubiera más profundidad, podrías haber bajado más”. Volví a paladear el silencio subacuático y me topé con el recuerdo de tantos apneistas del pueblo que no volvieron a salir del azul. No evité dedicar un segundo de silencio a todos ellos y una reverencia de respeto a los peligros de ahí abajo que claman a la prudencia.

La punzada de miedo llegó cuando miré la columna de agua encima de mí y me acordé de que, en realidad y quizás por desgracia, mi mundo está ahí arriba. Tocaba tragarse un aliento de calma (al vacío) y empezar a subir.

“Fuaaa…estabas superabajooooo!!!!”.

Que ¿cuánto?  10 metros.

Pic by X.Illas

Pic by X.Illas

Pic by X.Illas

Pic by X.Illas

“Every day is good because of being alive, alive yeah (o, na na)”

Concierto de Patrice en la playa de Ilbarritz. También tocaban otros, pero no importa. Eh, sin ofender pero es que al que quería oír es a Patrice…y un mensaje de movil nos hizo saber que hasta la una, nada de nada. Al día siguiente había que madrugar con la expectativa de que funcionara Guethary.

Quien me conoce bien sabe que puedo llegar a ser del Club de los Tozudos Extremos con bastante facilidad. Un gran defecto o una gran virtud,  dependiendo del cómo y del cuando. Sea como sea, la cuestión es que si se te mete algo en la cabeza, no te lo puedes sacar hasta que lo llevas a la realidad, hasta que lo tienes delante, hasta que lo vives. No puedes hacer nada contra ello; sencillamente es así (dicho sea de paso, gracias a todos los que me aguantais en esos momentos!!). Y yo quería oír a Patrice.

Con estos antecedentes, la noticia que contenía el “piticliiiiiin” telefónico me sonó a maldita: las posibles olas mañaneras ya nos decían, incluso antes de aparecer, que no podíamos quedarnos. Pero la verdad es que justo en el momento siguiente nos dimos cuenta de que seguíamos siendo dos furgoneteros en esencia en un mundo paralelo de felicidad aunque ignorante. Con dos cervezas (quizás alguna más), dos cámaras y un buen trozo de césped. Por todo eso, nada importó más que un rato de música desconocida con olas dibujándose a través.

Eso sí, si alguien sabe dónde toca ese hombre, me hará un favor si me lo dice… porque parece que ahora un concierto de Patrice se ha convertido en algo parecido a Ghetary: un reto. Y a mí me da por superarlos. Aunque fluir con la música me cueste mucho menos esfuerzo que fluir con una cámara en ese rincón de mar. Aunque lo que tengo con esa mítica ola, sea motivo de otra entrada.

Don’t worry, be happy

Diálogo preocupacional 1)

– Ay, niña, no puedo quitarme las preocupaciones contigo. Sieeeeempre pensando en ti. Sieeeempre… ¿cuando acabas esto y te quedas en un despacho tranquilita como tu prima?

– No me quieras tanto mal…

– Uyyyy, entonces…¿cuando saldrás del agua?

– Espero que nunca, abuela.

– Madre santa del amor hermosoooo!! Bueno…. pero tú no te metas por lo hondo.

Diálogo preocupacional 2)

– Ay, estaba preocupada…

– Pero, ¿por qué, mamá?

– No sé, como no me llamaste ayer…

– Ya, es que estaba liada.

– Pues me quedé preocupadísima.

– Pero… ¿qué me iba a pasar?

– Ay, no sé…pensé que quizás te habías ido al agua y te habías ahogado.

Diálogo preocupacional 3)

– Ay, estaba preocupada…

– Preocupada, ¿por qué?

– Pues por si os había pasado algo.

– Pero, ¿qué nos iba a pasar?

– No sé…algo.

Debe ser que  aún veo muy lejos el momento en que se me despierte el insinto maternal… Pero gracias por el vuestro.