Entreteniéndome en lo cotidiano

Hace unos días escribí algo que me acabó doliendo. Después lo agradecí, por haberme ayudado a recordar el gran poder de la palabra escrita. Creo que el por qué escribimos, el por qué nos expresamos de un modo o de otro depende casi siempre de cómo destilemos nuestro sentir y pensar en ese momento. Algo totalmente variable y muy muy subjetivo. La finalidad de la escritura también cambia constantemente. Muy a menudo, ni siquiera existe. Y todos estos matices sólo los sabe con exactitud la persona que mueve el lápiz o que le da al tecleo. Algo peligroso y fascinante al mismo tiempo.

Por eso,hoy he decidido hablar de un huevo frito.

Para ser precisos, se trataba de un huevo frito de desayuno en una vida temporalmente furgonetera. Hecho como substituto del baño de primerísima hora, pospuesto unas horas a merced de la marea. Hecho para coger carrerilla hacia unas olas postduneras o preduneras (dependiendo de si se miran desde la tierra o desde el mar, respectivamente). Lo mejor de todo es que era un manjar hecho para cuidarme.

Con todo esto, no podía ser un huevo frito convencional. Era más bien oceánicamente creativo. Por eso, al llegar a la sartén, una parte de la clara quiso separarse del resto, curvándose lentamente como las crestas de ciertas olas que esperaban. Hasta que se cansó del movimiento y se detuvo, quedándose sin romper del todo. Una ola de huevo frito eterna y burbujeante. Curioso. También le echamos pimienta, pero si empiezo con ese tema no acabo… Así que me lo comí.

La verdad es que nunca hubiera pensado que un huevo frito daba para tanto …

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Gratas sorpresas y recuerdos del norte

Acababa de aterrizar de un verdadero espectáculo fluido en buena compañía (eskerrik asko, querido guía y un plaer, nois!). Un día de mar bravo con bellezas que se alzaban, brillando, para estallar con ese orden desordenado tan suyo. Me alucinó tanto que no podía decir nada sobre lo que veía porque lo sentía rascando en algún lugar mío muy adentro, muy al fondo. Tanto que al volver, han aparecido en mi primer sueño.

Con ese estado de ensimismamiento acuático, no es de extrañar mi sorpresa al abrir de nuevo mi correo y descubrir que se me ha otorgado una Mención Especial del Jurado en la XIV edición de un concurso fotográfico llamado “Todos Somos Diferentes”, organizado por la Fundación de Derechos Civiles. Y yo con sus majestades marinas en la cabeza y con la boca abierta. Me invitan a la entrega de premios… ¿Y yo ahora qué hago? Últimamente todo se empieza a mover y a menudo  me truena en la cabeza eso de “Vigila con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”. Creo que empeño y ganas no me faltan… así que cuando todo eso llegue, si un destello de miedo traicionero se digna a frenarme para saltar, quizás os cojeré de la mano para que me regaleis un poco de impulso.

La fotografía en cuestión la tomé hace un par de años durante unos gélidos días de invierno en Berlín; una ciudad que sólo con pronunciar su nombre me da ganas de volver, perderme y aprender. Se trataba de un monumento creado en memoria de las víctimas del Holocausto.  Pasearse entre bloques de cemento irregulares, con un suelo que te hacía subir y bajar cada dos pasos, provocaba un vértigo estomacal extraño. Alguien también se paseaba…y necesité reflejar el momento. Por lo que parece algunas personas pertenecientes a un jurado también han querido recordarlo.

Nada más y nada menos que Siurana

Esta vez no me voy a poner sentimental, reflexiva, iluminada, poética…nada. Porque esta vez sólo quiero decir que la chica que se muestra a continuación ES MI AMIGA.

 

 

Personalmente, prefiero esperar desde abajo. En la foto no se aprecia la pared, es cierto… No sé cuántos metros tenía porque yo sólo sé contarlos hacia el fondo y no hacia el cielo. Lo que sí puedo dar fe de que era tan alta como para gritar “Bajaaaaaa que te vas a caeeeeeeeeeeeeeeeerrr!!!” y que ella no lo oyera. Pá matarse. Girlssss powerrrrr.

Is Nature’s fault

Aunque muchos seamos algo Peter Panes (sin pasarse), nuestra visión del mundo cambia con el tiempo. No hablo de la madurez, la sabiduría o la falta de ella. Sino de algo dentro que hace que nazca una sorpresa al volver a los lugares que habíamos recorrido hace años, cuando para llegar al timbre de la puerta de casa teníamos que ponernos de puntitas y la vida tenía otra ligereza.

Otras veces, al volver a un lugar del recuerdo, la sorpresa llega al reencontrar la misma magia. Como si en ese rincón el reloj de arena del tiempo se hubiera roto y mezclado con la tierra. Esta fue la sensación que tuve al volver a la Fageda d’En Jordà, un hayedo en la comarca volcánica (sí, sí, habéis leído bien) de la Garrotxa. La misma calma, la misma solemnidad y el mismo no sé qué que te empuja a abrazar a un árbol, buscar gnomos, reseguir colores, andar en silencio, tropezar con raíces y mirar hacia arriba buscando un hueco de cielo entre las hojas…. esta vez, queriendo desde lo más hondo. Queriendo mucho mucho más y mejor.

Me acordé de la confesión de alguien que dice verse profundamente emocionada por los árboles. Tengo que llevarte. Mi recomendación es que si andáis por Girona, no dejéis de ir.

Pics: saltdrop & kukurusta

Con la piel de gallina

Ayer soñé que iba por la calle y de repente, me sentí vacía. Me detuve y me di cuenta de que ya no tenía nada que decir. Ya no veía imágenes, ya no me nacían palabras. Nada. Intenté gritar…noté como los labios dibujaban una O enorme pero de ellos no emanó ni una nota de estridencia. Nada. Sin duda, una de las peores pesadillas que se me podrían ocurrir. Seguramente responde a algún tipo de miedo. Lo he sacado, estoy curada.

De modo que sigo buscando en las gotas de luz; cada vez con gente nueva, cada uno aportando lo suyo. Por fin, se han ido materializando ideas antiguas que ya me desesperaban. Una de ellas con una amiga y bailarina de contemporáneo, Xus Picher. Desde que la vi bailar (clikad aquí para ver el post), un enorme globo de agua me estalló en la mente. A partir de entonces, cada vez que la veía el velo de esa idea acuática me enturbiaba un poco los ojos. Esperamos a que fuera el momento y ahora no sólo lo es, sino que no podemos esperar más. Así que nos fuimos al agua… Una primera prueba con bastante mar de fondo y mucha turbidez. Ella, en lugar de quejarse por el tiriteo lo hacía porque “intentaba moverse y no entendía nada”. Y al salir del agua, un rato de silencio precedió a la pregunta: “¿Oye, niña, qué me has hechoooo?” Muy sencillo…quitarte la gravedad.

Vamos a evitar el frío para dar aire a los músculos cambiando el escenario por otro lugar fluído. Aunque tendrá menos sal y para mí no es tan sentido, será algo más cómodo ahora que el invierno está empezando a sacar la nariz.

Vamos a trabajar cada bajada. Trabajar y volar.

Barrufawow, pitufawow,smurfingwow (ok, en inglés me lo he inventado)

Esta mañana, mientras hacía el típico saludo al sol (en el sofà, café en la mano y venga decirle “bon dia” al astro rey), me he encontrado con un ente extraño paseando de un lado a otro de nuestro balcón (adjunto fotos).

Viéndolo ahí fuera con el viento helado y yo dentro toda cómoda, he tenido cargo de conciencia y he decidido salir a ayudarle. Cuando le he preguntado qué quería, me ha contestado que encontrar su lugar en el mundo. Pssss…su lugar, dice…como si fuera tan fácil. Que quería entrar, vamos, y acoplarse en casa. Encima, sin pagar (sí, soy catalana, ¿y?).

Al principio me he negado, la verdad. Más que nada porque éste es un territorio playmobil. Pero viéndolo ahí, todo digno, he pensado que en ese momento tenía la oportunidad de colaborar a que alguien tan distinto marcara una diferencia. Él podría ser la salsilla del getto clik o plays o hombrecillos-ortopédicos-buzos-que-me-fascinan-porque-soy-freak. De modo que le he dejado entrar.

Exprimiendo, creciendo, agradeciendo

Últimamente ando reflexiva. De hecho, quizás sencillamente ésta sea mi manera de andar. En todo caso, últimamente me transporto a mi mundo más a menudo de lo habitual. Aunque de poco sirve porque acostumbro a llegar siempre a las mismas conclusiones. Una de ellas es darme cuenta de los preciosos pellizcos de suerte que se me van lanzando. Entre ellos, el poder estar como fotógrafa en la preparación de una pieza de danza realizada por Natalia Jiménez. Se trata de uno más de los proyectos de ASEM, la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares.

Ahora mismo, poco más puedo decir que la cita para la actuación: el 3 de diciembre en el “Auditori” de Barcelona. Ahora mismo, pocas imágenes puedo mostrar más que algunas que van escapándose fuera de entre las que selecciono. Pero cuando ya no sea necesario el valor de lo inédito, llegarán. Sean como sean, buenas o malas, están y estarán todas sacadas de mi corazón abierto.

Ahora mismo, siguiendo a las bailarinas de este espectáculo desde detrás de una lente, siento el calor de estar creciendo por dentro; cada vez un poco más.

Y de repente a alguien le gusta Benedetti y recita un poema… y entonces me viene a la cabeza algo que en algún otro momento se ha lanzado al aire: cuántas personas pasan cada día por nuestro lado sin que les miramos a los ojos. ¿Por qué no empezamos a aprender a necesitarnos?

“Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites”