Let it snow, let it snow, let it snow…

Después de tanto texto y mucho blanco y negro he decidido por esta vez volver a las imágenes en color. No sé por qué, a menudo me dejo llevar por la tentación del dramatismo desaturado. No deja de provocarme cierta emoción cuando los colores se van y te dejan una imagen cruda, con los matices de sólo dos tonos. Quizás necesito lo simple como ancla.

Después de un invierno duro y largo, con un marzo aún entre témpanos, una llegaba a casa y se derretía de placer al encender la calefacción al máximo. Reconozco que noto una punzada de culpabilidad traicionera cuando derrocho tanta energía a expensas de, en ciertos días de invierno, poder llegar a sudar dentro de casa.  Y correr de un lado al otro gritando: “Oh, sí!! Clima tropical!! Clima tropicaaaaaaaaaaaaaaal!!” Sea como sea, a una no deja de sorprenderle la fuerza de los elementos… tan a su bondad o maldad estamos, que aún a estas alturas el tiempo sigue siendo un tema de conversación.

En memoria de este invierno duro y aligerando mis deseos de nata y chocolate, quería colorear esta entrada con algunas fotos de un día hace unos meses en los Pirineos.”Snow is only frozen water”, dicen… Un día de caos, fotos y un puñado de anécdotas. Cosas buenas que trae el invierno…

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Cuantas cosas pueden pasar en un puñado de días. Pero yo con todo mi morro y sin preguntar me subí en una nube cual Son Goku. Para cuando me di cuenta ya era tarde: pasara lo que pasara, hiciera lo que hiciera, si seguía así iba a ser estúpidamente y porque sí, feliz. La sensación de no-sé-nada-ni-me-importa. Aunque el motivo de esa calidez a pesar de todo sí lo sepa y empiece por A. De Alimento. De Aliento. De Alma. De Agua. Me gusta la A.

Por fin me paré para reorientar el rumbo, para escucharme. Pero esta vez en serio. Por fin. Por fin me solté y me tiré a la piscina sin importarme cómo iba a doler si algún día tuviera que salir de este agua transparente y cálida. Ni lo busqué, pero sucedió. Por fin.

Vuelvo no sé si con las pilas cargadas porque de tanto cambio las siento completamente nuevas. Y aquí estoy, sentada esperando a que me llamen en un lugar en el que nunca hubiera pensado que estaría. Vamos a darle la vuelta a todo…que esto va a ser entretenido y yo ya me siento sonrientemente del revés.

Hace poco salimos de la autopista para contemplar una luna ardiente y grande como el mayor de los descaros. Queríamos verla antes que palideciera de nuevo. Queríamos llegar a lo más alto y, en la playa, trepamos por unas rocas como pretendiendo acercarnos más a ella. Nada más llegar, me sorprendí  empezando a buscar de reojo y con disimulo por dónde íbamos a bajar cuando llegara el momento. Por eso paré, te miré y con mucha chulería acallé a la miedosa de dentro con un “¿Sabes qué? A tomar por saco. Cuando tengamos que bajar, ya veremos como lo hacemos”. Y qué fácil fue.