Siempre… segunda parada

Ese mismo día y por lo mismo, personas y personajes, gente y gentucilla se embarcaron en un funicular llamado deseo (sin Marlon Brando) hasta lo más alto de la ciudad (o casi).  Llenándose de surrealismo con zapatos de tacón, suelo metálico traqueteante y americanas que empezaban a estar de más.

 

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