Desired

“El agua como ciclo. Un fluir. Un placer. Como un vaivén libidinoso.  Las diosas del erotismo y la magia…el misterio de lo femenino. ¿Dónde quedó Lilith?”

A veces uno escribe cosas que ni sabía que estaba escribiendo. Luego las encuentra… y no entiende un carajo. Me pregunto de qué cortocircuito mental explotaron ciertos montones de palabras.

La otra noche, al salir, me di cuenta de cuánto te había estado negando. A ti… mujer de dentro. Un ser que soy yo pero que al mirarlo, así, en femenino, me duele. Y se me desgarra.

Hace tiempo quise hacer un homenaje a la mujer. A esa mujer de dentro. A Venus. Tuve una idea… pero todavía no me sale. Se me encalla. Todavía.

Que mi primer desnudo terrestre haya querido hacerlo en un balcón tiene su lógica. Una calma que se balancea entre ser mía y sólo mía y tuya y sólo tuya …una calma en un mar de atascos. O quizás sea simplemente freak.

Decías que las cámaras te quitan energía… quizás no sabías que en realidad, mi lente te robaba toda la luz que a ti se te escapaba.

 

Puede que esté leyendo demasiado a Pessoa

La claridad de bien entrada la mañana marcaba en tu espalda la oscuridad moteada de los agujeros de la persiana. Tu hombro izquierdo con su puñado de lunares se mecía en un vaivén respiratorio. Qué linda esa palabra… ” va i ven”…

Disfruto mirando cómo siete, ocho, nueve caracoles castaños descansan en la curva del cuello. Voy deshojando los segundos. Y ahí, saboreando el placer de mirarte sin que sepas que te estoy viendo, me acuerdo de cómo ayer me mirabas pensando que no te veía. A veces uno subestima la astucia de los reojos.

Respiro contigo, la mano repasando el puñado de lunares… y sin saber por qué mi pensamiento se detiene en cómo y por qué antes se atrevía a venir el fantasma. El de la mano sin temperatura. El del aliento sin aire. El enfermo (contagioso) de neutralidad . El de los pasos sin huella. Ese fantasma que tenía como profesión asesinar las ganas. Ése contra quien, sin quererlo, sólo con descubrirnos, blindamos la puerta de casa. Así que perdona pero aquí tú no entras.

Así es cómo sin ningún motivo me da por pensar en la intensa levedad del ser. Y me asusto un poco. Y te das la vuelta… y todo pasa.

Entonces pienso en que cada vez escribo más gilipolleces. Pero qué bien sienta decir lo que siento cuando lo siento. Y cuando no, no.

Qué bonita tarde de domingo…Ojalá nos hayamos apuntado a la lista de espera de más tardes como ésta. Con esos segundos en que se nos escapa mirarnos a los ojos. Segundos en los que no decimos nada aún sabiendo lo que nos queda por decir, lo que quedó colgando de la punta de la lengua.

Después, me fui corriendo a la playa… para enraizarlo hundiendo las manos en la arena.