“Feliz consumismo”

Salimos a la calle enmedio de un supuesto fervor navideño-consumista, claramente apaciguado por la famosa crisis. El profesor dirigía la orquesta de alumnos que pretendíamos documentar cómo enloquecemos los humanos en estas fechas. Cómo perdemos la razón ahogándonos alegremente en un río de dinero de ida y bolsas de vuelta. Después de una tarde recorriendo calles,  juntamos todas las imagenes. Una clase de edición gráfica las filtró y organizó en una historia.  Pero la verdad es que no me copié el resultado final… todo por culpa de esa tendencia nuestra que nos lleva a perdernos juntos al acabar la clase. Así que, a falta del reportaje definitivo, aquí dejo algunas de mis fotografías de esa tarde en buena compañía.

No sé si alguna vez me gustaron las Navidades. Será porque los villancicos me suenan estridentes y los mensajes falsos. Será mi inevitable punto de rebeldía que se queja al actuar porque toca. Será porque estas fechas siempre han tenido para mí un sabor agridulce. Será…

Este año, no quiero regalos porque toca comprar. No quiero que me feliciten porque sí. No quiero ho ho ho. No quiero deseos sin fondo.

Este año, quiero tomar las fiestas como excusa. Para disfrutar de reencuentros. Para empezar a apostar porque algunos de ellos se multipliquen y ya no necesitemos excusas. Para seguir diciendo lo que pienso y lo que siento. Para que nazcan detalles de las semillas del amor que algunos me habéis dado.

Este año, que os llegue la calma y que se vayan las tempestades. Que sepamos disfrutarlo. Que sepamos compartirlo. Y que sepamos recordarlo.

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Miguelito, el amigo de Mafalda (by Quino)

– ¿QUÉ TIENE QUE HACER UNA TORTUGA PARA VIVIR? ¡SER TORTUGA!

– ¿QUÉ TIENE QUE HACER UN GATO PARA VIVIR? ¡SER GATO!

– ¿QUÉ TIENE QUE HACER UN OSO PARA VIVIR? ¡SER OSO!

– ¿QUÉ TIENE QUE HACER UN TIPO PARA VIVIR? ¡SER ALBAÑIL, ABOGADO, TORNERO, OFICINISTA, QUÉ SE YO!

¿POR QUÉ TENÍA QUE TOCARNOS A LOS HUMANOS EL ESTÚPIDO PAPEL DE SER ANIMALES SUPERIORES?”

Miguelito…te adoro.

Descubrimientos

 

“BUSCO la meva
identitat
sotmesa, amagada
milers d’ anys sota
el sexe.
Tot just desperta
i ja esmicolada.”

“BUSCO mi
identidad
sometida, escondida
miles de años bajo
el sexo.
Recién despierta
y ya hecha añicos.”

Montserrat Abelló

Nació en un 1918 catalán. Escribió poesía, tradujo a autoras como Silvia Plath y Anne Sexton, daba clases de inglés. Fue madre y esposa. El principio de la dictadura la empujó al exilio en Chile (curiosamente), donde vivió durante más de veinte años… Apuesto que por “roja”, catalanoparlante y feminista, entre otros vacíos motivos. Volvió y vomitó en poesía heridas de años de sexo débil. Cómo me mece por dentro su llegada a mí, mujer de un nuevo siglo siguiendo rastros de Lilith. Y aquí estoy, sin dejar de releer las palabras desgarradas, a corazón abierto y sin tapujos de una mujer de 77 años.

Últimamente aparecen en mi camino seres de luz, de búsqueda, de placer de conversación. Seres andantes y mirantes. Entre ellos y ellas, alguien puso una de las obras la Señora Abelló en mis manos. “Porque la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”. Qué bien que supieras sin decírtelo, qué hambre tenía de ella. De nuevo y renovado, gracias.

Reír y la evolución de los delfines

Este verano descubrí que los humanos aprendemos a reír por imitación. Aprendemos los estímulos, aunque los músculos de la cara ya conozcan los gestos antes de nacer. Luego me preguntaba si los delfines se reirán. Si el sexo les da placer… ¿por qué no pensar que en su mundo, la risa existe y se les contagia? Os parecerá ridículo… a mí no. Porque esa risa se me antoja maliciosa a veces. Será que a una le da por ver las cosas del revés.

Te miraba y pensaba “Ríe con ella, ríe…”

Hace unos meses conocí a una mujer. Su llanto me contó que había reído muy poco con quién le regaló el mundo. Porque ese “quién”, quizás no sabía reír. Hace unos meses conocí a una mujer que llevaba un dolor dentro. El de sentir que no podía devolverle la alegría de vivir a quién le había concedido ese privilegio: vivir.

Qué curioso es ver cómo nuestra relación, tan nueva, tan sincera, fue lo que le ayudó a empezar de nuevo y convertir ese dolor en fuerza más allá de la rebeldía. Queriendo aún más lo que quiere.

Ya no hay quien le siembre dudas. Ya no hay quien le arranque lo que le llena. Con esa mujer, tenemos muchas cosas en común… el agua. Las imágenes. El decir. La luz. Él, su cielo, su calor. Ellas y ellos, seres suaves de manos que le apoyan al caminar. Con esa mujer, tenemos muchas cosas en común … y yo no la conocía.

Qué feliz me siento cuando veo que se relaja un poco en la búsqueda. Será que enmedio del caos se ha dado cuenta de que en realidad le era ajeno. Será que está empezando a encontrar.