Reír y la evolución de los delfines

Este verano descubrí que los humanos aprendemos a reír por imitación. Aprendemos los estímulos, aunque los músculos de la cara ya conozcan los gestos antes de nacer. Luego me preguntaba si los delfines se reirán. Si el sexo les da placer… ¿por qué no pensar que en su mundo, la risa existe y se les contagia? Os parecerá ridículo… a mí no. Porque esa risa se me antoja maliciosa a veces. Será que a una le da por ver las cosas del revés.

Te miraba y pensaba “Ríe con ella, ríe…”

Hace unos meses conocí a una mujer. Su llanto me contó que había reído muy poco con quién le regaló el mundo. Porque ese “quién”, quizás no sabía reír. Hace unos meses conocí a una mujer que llevaba un dolor dentro. El de sentir que no podía devolverle la alegría de vivir a quién le había concedido ese privilegio: vivir.

Qué curioso es ver cómo nuestra relación, tan nueva, tan sincera, fue lo que le ayudó a empezar de nuevo y convertir ese dolor en fuerza más allá de la rebeldía. Queriendo aún más lo que quiere.

Ya no hay quien le siembre dudas. Ya no hay quien le arranque lo que le llena. Con esa mujer, tenemos muchas cosas en común… el agua. Las imágenes. El decir. La luz. Él, su cielo, su calor. Ellas y ellos, seres suaves de manos que le apoyan al caminar. Con esa mujer, tenemos muchas cosas en común … y yo no la conocía.

Qué feliz me siento cuando veo que se relaja un poco en la búsqueda. Será que enmedio del caos se ha dado cuenta de que en realidad le era ajeno. Será que está empezando a encontrar.

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