And says don’t worry…

“WHY DO MY THOUGHTS LOOM SO LARGE ON ME?
They seem to stay, for day after day
And won’t disappear, I’ve tried every way

But she smiled sweetly
She smiled sweetly
She smiled sweetly
And says don’t worry
Oh, no no no…”

She smiled sweetly (The Rolling Stones)

Y le dijo que quizás llega un momento en que uno tenga que llorar las lágrimas que antes no había sabido cómo llorar…

Cofete fue un gran consejo

GIRAMOS LA ESQUINA DE LA CARRETERA y el paisaje nos abofeteó de frente. No pude evitar abrir de par en par la boca.

Viento que tumbaba, curbas de montaña roja omnipresente, mar activo. Parecía que estuviéramos en otro show de Truman y que, al avanzar, fueramos a ver que el paisaje no era más que una pared revestida de un decepcionante papel pintado.

Sobre la arena cuatro casas, cuatro cruces y una mansión abandonada. La casa de los Winter… y así nos perdimos, cual Sherlok y Watson, buscando el rastro de no sé qué y las palabras de un viejo en un bar solitario.

La isla del antes y del después

¿QUÉ ES LO QUE DIFERENCIA UNA CASA DE UN HOGAR?

El rasguño de un clavo que antes no estaba y se salió, caprichoso, de la madera de una mesa.  Susurros que resbalan como gotas de vapor condensadas en el cristal del baño. La lista de la compra. La luz que se filtra por la ventana, dorando a trozos el suelo de los pies de la cama. Tú no invades el espacio, lo llenas. Una vela naranja. El rechazo de la esclavitud de los zapatos nada más entrar. Estallidos de risa sin enmascarar. El chasquido de una cáscara de huevo reventándose en la esquina de la sartén (seguramente, un domingo por la mañana). Tus manos en mi espalda. El tintineo de unas llaves al otro lado de la puerta. Un desorden de recuerdos. El sonido de la ducha desde lejos, derramándose en los oídos, aún a medio cubrir bajo las sábanas. Conversaciones, miles, que van salpicando el aire. Trozos de mar acumulando arena.  La lágrima que tu abrazo detuvo antes de llegar a la almohada. Unas zapatillas olvidadas debajo de una silla.

Y no sé por qué a mi mente le gustó esa pregunta entre las cuatro paredes blancas de una casa en Fuerteventura.

Opciones

PAREDES PEGAJOSAS DE INQUIETUDES OLVIDADAS. Sudor de horas tecleando nombres, apellidos, DNIs, direcciones, delante de la pantalla. Rigidez de toneladas de papel. “Firme aquí, firme aquí. No, no puedo cambiar su dirección. ¿No ve que esto es sólo el Ministerio de Trabajo y del tema de direcciones se encarga la Generalitat? Suba al primer piso y espere” Y espere, y espere…

Segundos que pesan. Insuficiencia. Ineficacia. Inactividad. Voces en las que las ideas se secaron. Siempre sentados, siempre mirando el reloj. Líneas de blanco y gris en el espacio, geométricas, anodinas. Olor a nada. Sabor a nada.

Se rompe el hielo en un mirar, después de tanta letra pequeña, cejas arqueadas y firmas. “Siento hablarte así… ¡estamos tantas horas de cara al público siempre explicando lo mismo, siempre respondiendo a lo mismo!” “No se preocupe…entiendo que en esta vida hay muchas opciones. Y encasillarse en las mismas preguntas, es la suya”.

A pesar de la decepción de algunos…mucho me temo que no voy a ser funcionaria.