Madre

UN SUAVE CONTONEO DE LUZ DE MAÑANA. Un ritmo de blues. El ponerte doble ración de comida, aunque ya habías dicho que no querías repetir. Palabras de aliento, de ánimo, de consejo. “Mi niño es el mejor del mundo entero (y parte del extranjero)”. Alguna bronca. Un abrazo envolvente, con una mano apretándote fuerte la espalda.  Un subir las cejas cuando llegas a visitarla un domingo y hace ya unos cuantos que no pasabas por casa. Orgullo…orgullo de ti. El saber lo que le vas a contar antes de que se lo digas. Planes como excusas para compartir. Mucha risa, mucha intuición que sólo crece al compás del desarrollo de un ser vivo dentro. Una conexión que va más allá del cordón umbilical. Fortaleza y ternura. Y las ganas atemporales de tumbarte con ella, a su lado y saber que todo está bien. Que todos nos equivocamos. Que podemos volver a empezar de nuevo. Que se puede.

Más allá de que mi lado izquierdo del cuerpo sea más débil que el derecho. Más allá de que un ser crezca dentro … esto es lo que mi utopía le otorga a una de las maneras de estar, de ser, de sentir de la mujer… una de las muchas de ellas. Esa compleja y variada manera de ser a la que le llaman “ser madre”.

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