El otro lado del colchón

“Deja un poco abierta la puerta…que corra el aire” Así fue como entró de golpe el olor de viejos pasos. Él empezó a reseguir con el pulgar manchas de otros tiempos en el colchón. “Algunos corazones sedientos gotean… ya sabes”. Pero en la plataforma de látex, una sola forma, un único hueco apenas marcado. Como queriendo hacerle un molde a ese cuerpo tan menudo. Un solo hueco, en un solo lado. “Aunque duerma sola, nunca me acostumbro a ocuparla toda”. Al otro lado del colchón, el espacio sin marcas delataba el pensamiento de que todo llega si se le deja un lugar.

Lucha lenta de tendones. Descubrirse desnudos, hablándose. Melancolía de humo que ascendía perezosa y lánguida hasta llenar el techo. El pelo de ella llevaba meses, años, con muchos afanes enredados. Hacía tiempo que no se peinaba. Sencillamente, no le daba la gana.

“Esta noche, quédate”. Y él ocupó rincones, cafés, cenas, cines. Emociones de segunda mano. Ella creió que uno de esos días él, quizás, podría llegar a desenredarle el pelo.

“Esta noche… quédate”.

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Otro post en blanco y negro. Que repetitivo. ¿Por qué no han podido poner esta vez algo con más color, menos uniforme? Aunque si lo miras bien, entre el blanco y el negro hay unas cuantas tonalidades de grises. Y así nos evitamos hablar de colores que en realidad no existen. Como el “color sandía”, por ejemplo… con lo fácil que es decir “rojo”.

Hace unos días me desperté mirando la ciudad y pensé que si tuviera varios enemigos les sentaría uno por uno en una fila. Me pararía enfrente, las piernas bien rectas, separadas lo justo como para impresionar, las manos en jarras, la mirada directa. Me pararía enfrente y les diría que quizás un día se despierten para oír cómo toda la ciudad se está riendo de ellos… y quizás algún día, sea cierto.

Siempre que voy al bosque tengo la misma sensación de perpetuidad. Perpetuidad de él, no de nosotros. Esa tranquilidad medio irónica al saber que me iré y cambiaré, sucederán hechos, experiencias, sentiré, pensaré, me agitaré. Pero el bosque seguirá casi igual por mucho que a mí me suceda. Tan perenne, tan continuo, tan fluido. Siempre pienso en que debería acordarme más del bosque cuando no estoy en él. Siempre pienso que debería acordarme, pero luego siempre se me olvida. Igual que esas rocas amarmoladas, que seguirán exactamente como las veo a pesar de que nos hayamos ido. A pesar de todo lo que nos pase. Por mucho que gritemos, alabemos, resolvamos. Seguirán igual… y es que aquí cada uno va a su rollo. Aquí, en este universo.

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Advertencias al 2013

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2013, te diré que este año caducado fue uno más de huracanes. De proyectos que se desmontaron con la misma energía con la que se construyeron. De amigos que con el mismo “sin querer” se fueron y otros que medio bailando volvieron para quedarse. Un año caducado en el que el agua se tragó a un amigo; una punzada que sigue estando ahí cuando lo pienso. Un año de volver a lo sencillo casi por obligación y luego deleitándome. Un año de reconocerme en lo profundo, en el cambio… de mirarme de frente y que ya no me duela ni me asuste.

Por eso…antes de que empieces, 2013, te quiero decir que cada vez necesito menos. Puede que de amoldarme tanto a lo básico, me sienta disfrazada cuando llegan los accesorios, los complementos, los excesos de equipaje. A veces siento que sobreviví a un incendio que me dejó aquí desnuda, hablándote. Antes de que empieces quiero decirte que tengo más años de los que parece que tengo, de los que dicen que tengo. Que ya se me fue resbalando la inocencia… que soy más lunática, más dolida y más acariciada de lo que ves así, sin mirarme a los ojos. Que a veces voy demasiado deprisa y otras, demasiado despacio. Sobrevivo con cualquier cosa pero moriría si no tuviera cerca la luz, el agua, los abrazos y una cámara. No aguanto los tacones y me siento más femenina desnuda que vestida de raso.

Por si acaso te confundes, 2013, quiero decirte que me dan igual las fronteras y que he ido dejando trozos de mí por todos los lados… las Azores, la selva, Valparaíso. Que sólo me siento en paz en las islas. Como muy muy lento. O pienso poco, o pienso mucho. El océano me enamoró más que nadie y siempre está, escuchando, consolando, latente y presente. Para que no te sorprendas quiero advertirte de que el color y la intensidad de la luz pueden cambiarme el humor… y que a veces me parece como de vida o muerte apagarla o encenderla, cambiar la bombilla, salir de ese sitio con un neón tan blanco, correr un poco la cortina. Que suelo ir siempre descalza y perder los zapatos, las llaves, la chaqueta, el bolso y el alma en todas partes. Que no sé de dónde soy y que poco me importa. Que de verdad que no soporto cuando alguien escribe “haber si nos vemos” así, con “h” y con “b”.

2013, antes de que te asustes quiero advertirte de que a estas alturas ya asumí la intuición como algo cotidiano. Que si algo le deseo a la gente es color. Que paso de la conexión a la desconexión con extrema facilidad. Que en pocos lugares veo tanta belleza como en una alma, una curva, un brillo, una ondulación, un matiz, un gesto de mujer. Que es para mí todo un reto fotografiar a un hombre. Que me obsesionan los peces, el brillo de una ola, el coral y los tiburones. Que puedo pasar del romanticismo al humor negro sin darme cuenta. Que amo la palabra como quizás pudiera amarte a ti…deleitándome, saboreándola. Que no me lleves lejos de la Naturaleza porque me seco. Que en ella me hincho y respiro. Que a veces quizás me aleje un poco de tanto que me pierdo, pero que luego siempre vuelvo. Que algunas cosas las quiero ya, que me cuesta aceptar que todo tiene su proceso. Que hablo con los gatos y se me antoja que me entienden. Que a veces se me olvida responder mensajes. Que nunca digo “ya nos llamamos si eso”.

Porque aún estás a tiempo de echarte atrás, 2013, quiero advertirte de que sólo creo en las personas que miran a los ojos cuando hablan. Que a veces respondo a señales absurdas. Que cuando me enfado mi aire vital se ensancha y no tolero que me toquen. Que se me pasa rápido y que al volver, puede que esté más acariciante de lo normal. Que hay cosas importantes que se me olvidan (lo siento), pero que puedo recordar un olor años. Que tengo un ritmo de tambor clavado en las caderas. Que me gusta la gente mayor y sus historias, que me desgarra por dentro su soledad. Que me gusta perder el tiempo en dejar volar la mente, en imágenes imposibles, en todo aquello que dicen que no sirve para nada. Que no aguanto quieta en ningún lado y que empiezo a cansarme.

Ahora dime, 2013… si a pesar de todo esto… sigues queriendo comerme a besos.

Una cosa així com un homenatge / Algo así como un homenaje

[CAT] Fa temps que intento escriure’t i no puc. Però se que algunes de les paraules que dedico al blau s’escapen buscant-te. Suposo que és absurd que encara esperi un missatge de posta al dia, una foto llunyana, un “m’has revolucionat el poble”.

Somriure sempre afable, mirada desperta i esperit lliure. Ens vèiem poc però mai aturats, sempre amb remull, sempre amb poques ganes de tornar a la superfície. Crec que passaran els anys i seguiré esperant la foto de l’onada capritxosa, el “quan vinguis per aquests mars, avisa”.

Un ésser menys de llum en aquest planeta, un ésser més de llum ves a saber on. I aquella frase que em va venir al cap, com un temporal que s’aixeca d’un minut a un altre. “Al mar, ha estat al mar”. Quina dolorosa sincronia. Crec que tots els que estem a terra ferma volent constantment tornar a l’aigua, en algun moment des de que no hi ets hem pensat que pot arribar qualsevol dia en què un gir capritxós ens faci venir a trobar-te.

Perdona si no m’he vist amb cor d’anar al teu homenatge. D’aquell mateix lloc d’on van sortir amb la barca recordant-te, em quedo amb com érets en el moment en el que vas parar el motor. Et vas fer enrera al seient amb un suspir, somrient, els braços a la nuca. “Ara ets tot un marquès” “Aquest silenci és el que més m’agrada”. A partir de llavors sempre m’enviaves “petons enmig del mar en calma”.

Permet-me que no m’ho cregui… i que es segueixin escapant algunes de les paraules que dic al blau, buscant-te.

[CAS] Hace tiempo que intento escribirte y no puedo. Pero sé que algunas de las palabras que dedico al azul se escapan buscándote. Supongo que es absurdo que aún espere un mensaje de puesta al día, una foto lejana, un “me has revolucionado el pueblo”.

Sonrisa siempre afable, mirada despierta y espíritu libre. Nos veíamos poco pero nunca parados, siempre en remojo, siempre con pocas ganas de volver a la superficie. Creo que pasarán los años y seguiré esperando la foto de una ola caprichosa, el “cuando vengas por estos mares, avisa”.

Un ser menos de luz en este planeta, un ser más de luz vete a saber dónde. Y aquella frase que me vino a la cabeza, como un temporal que se levanta de un minuto a otro. “En el mar, ha sido en el mar”. Qué dolorosa sincronía. Creo que todos los que estamos en tierra firme queriendo constantemente volver al agua, en algún momento desde que no estás hemos pensado que puede llegar cualquier día en el que un giro caprichoso nos haga venir a encontrarte.

Perdona si no me he visto capaz de ir a tu homenaje. De ese mismo lugar de donde salieron con la barca recordándote, me quedo con cómo eras en el momento en el que paraste el motor. Te reclinaste en el asiento con un suspiro, sonriendo, los brazos en la nuca. “Ahora eres todo un marqués” “Este silencio es lo que más me gusta”. A partir de entonces siempre mandabas besos en medio del mar en calma.

Permíteme que no me lo crea … y que se sigan escapando algunas de las palabras que digo al azul, buscándote.