Amanecer desde el Teide

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Me acoge un lugar en el que no hay aguacates cuando los campos se incendian. Donde tampoco hay lechuga cuando ha llovido tanto que se se ha podrido la última cosecha. Donde la chica que trabaja en el supermercado nos dice “hay que esperar a que se regeneren los campos”. Me acoge un lugar que me hace bajar el ritmo y subir la intensidad que está en lo simple, en lo que no necesita nada más que lo que es. Ahora pienso que tiene algo de sincronía el hecho de que uno de los regalos de este año, de este ciclo de la tierra que languidece para dar paso a otro despertar, fuera un amanecer desde el Teide.

Gracias Canarias por recordar a esa parte de mí caprichosa y asfaltada que en este planeta, por mucho que nos empeñemos, los elementos mandan.

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El abuso de los atardeceres

Puedo decir que me doliste. En un lugar que aún no he identificado, medio claro medio oscuro, de emoción más que de carne, me doliste. Todos esos “ya pasó” resbalan… y por fin puedo decir que me doliste.

Busqué dónde se quedó la herida pero ese lugar nunca se había herido antes… y ahora el rasguño está oliendo a cicatriz menos de lo que me gustaría. Pasarán días, semanas, años y dejaré de sentir esto tan poco identificable, con tantos matices que aprendí como puede hacerlo alguien de 80 años con alma de recién parida. Me siento un poco como esa tierra volcánica de aquí enfrente que quiso sobrevivir a un incendio pero tuvo que ver quemar sus árboles. Dramática, sí… pero ya hace un rato que sé que de todo se aprende. Y llegará el día en que me hará gracia saber el por qué de aquél llanto tan unidireccional, tan (solo) mío. Quizás hasta sonría al recordar que me doliste.

Y me sale un Neruda adolescente ahora diciendo “aunque éste sea el último dolor que ella me causa… y estos sean los últimos versos que yo le escribo”

Mediterraneamente

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[CAS]Como cada vez, me fui de la isla blanca contenta de que esté, algo triste de dejarla. Isla pirata y marinera, pura y artificiosa, sirena en un cristalino turquesa, ramera burlona bajo atardeceres de rojo fuego,  picante y dulce, fenicia y comerciante Tanit… Esa isla fue en realidad la que me hizo lo que soy. Recuerdos infantiles que marcan el tempo de una vida. Más allá del gris de la ciudad a la que volvía, tu recuerdo se quedaba.

Me fui de una isla queriendo otra mucho más al sur…con la idea de que un ser humano quizás pueda vivir sin pisar un terreno demasiado firme, entre dos pedazos de tierra lanzados al mar.

[ENG] I left the white island as every time: glad that it is there, sad to leave. Pirate and sailor, pure and artificial, mermaid in a crystalline turquoise, teasing whore under sunsets red as fire, hot and sweet, Phoenician trader … That island was actually the one that made me as I am. Childhood memories that mark the tempo of life. Beyond the gray of the city to which I returned, your memory was always there.

I left wanting another island further south … with the idea that a human being can perhaps live without stepping a too firm ground , between two pieces of land thrown over the sea.