Clarita como el agua nos gusta, la gente

Algunas fotos del making off del videoclip de Macaco “Tengo”. Puedo decir que disfruté, como siempre en las situaciones en que la mente empieza a soñar con que todo ese despliegue en realidad se ha montado para que ella lo recorra…

Me reí, me reí mucho. Fue un privilegio poder estar entre gente que disfruta con lo que hace. Gente maja. Y por supuesto, estar unos minutos dentro de la historia de un músico al que hemos seguido la pista desde hace tanto tiempo. He decidido ahorrarme las críticas; aunque para los que nos declarábamos ultrafans sin reparos, este nuevo disco nos suene demasiado a reclamo de masas. Porque sigue siendo alguien con una trayectoria de las de paso a paso, alguien que ha conseguido hacer del mestizaje una bandera. De modo que hacia quien que nos ha regalado canciones como  “Mama Tierra”, “La raíz” o “S.O.S”, hago por que los “peros” se me queden sin salir, rebotando en algún lugar entre la cabeza y el paladar (clikad encima si os apetece escucharlas).

Una conclusión que sí saqué depués de estar paseando por ahí es que tengo algo en común con una sex-symbol: el “payasismo” o el placer-por-hacer-el-payaso. Eso que me llevo.

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A Mediterranean search

Nació una idea; luego muchas; luego un encuentro y por fin alguien con quien embarcarse en una nueva búsqueda. Desde asiplanchaba.com vamos a por ello… chicas en el Mediterráneo. Para los escépticos puedo decir que aseguro imágenes que vamos a llenar con emoción. Algo que también puede ser un espectáculo. De modo que nos hemos echado al agua.

Día 0 con Carlinha. Unos 20 minutos en el agua por mi parte porque este mar, celoso de mi reciente romance con el océano, me arrancó dos veces las aletas. A la segunda, ya no las recuperamos. Así que a ella, que ya ha pasado a la lista de las musas, el caprichoso Mediterráneo sólo le permitió tres olas de calentamiento frente a la cámara. Nada más, de momento… porque seguiremos insistiendo hasta que este mar decida perdonarme y descubrirsenos.

Del otro día nos llevamos algunas imágenes que conseguí cazar al vuelo. También un amanecer con el que salimos de casa buscando en el fluido salado lo que ya teníamos en la mente.

Chic@s, vamos al agua.

Cantos de sirena

“Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias.

Pero eso sí; y en esto soy irreductible. No les perdono, bajo ningún pretexto…

… que no sepan volar”.

“El lado oscuro del corazón” (Eliseo Subiela)

“The end of the line”

Hace un par de días asistí al estreno del largometraje documental “The end of the line”, aclamado por la crítica y el público en su paso por el festival de Sundance. El tema, la sobrepesca. La base, el libro de Charles Clove, un prestigioso periodista de investigación. Algunos la han comparado con “La verdad incómoda”… Según mi humilde opinión, la película de Al Gore no le llega a “The end of the line” ni a la suela de los zapatos.

Seguramente sea uno de los mejores documentales de denuncia que haya visto nunca. Muy divulgativo y mediático, pero sin pecar de algo que muchos no soportamos: el sensacionalismo, un fruto más del ecologismo de postín. La película está repleta de imágenes de lo más variado. Algunas históricas y otras más actuales; algunas tal cual son y otras de una poesía hiriente aunque sin dejar de ser franca. También aborda la gran cuestión de “Todo esto está muy bien pero…¿yo qué puedo hacer?”. Algo que brilla por su ausencia en muchos otros documentales de este tipo.

En ella aprendí que para alimentar los peces de las piscifactorías tienen que pescar el doble de kilos de anchoa que los kilos de pescado que obtienen de las granjas.  Entonces, ¿por qué no comemos la anchoa directamente? Pues porque es más fashion comer dorada o salmón. Llegados a este punto, algunos nos ponemos extemistas y decimos “Pues yo ya no como más pescado. Y ya está. Punto”. Pero desde la pantalla nos dan otra opción mucho más racional. Se trata de preguntar por la procedencia del pescado que compramos. Así de simple. Nosotros, los consumidores, tenemos la última palabra… es la ley de la oferta y la demanda.

Se puede empezar por evitar todo aquél que procede de aguas extranjeras y que muy probablemente hubiera sido el sustento de los pescadores artesanales nativos. Esos mismos que lo único que han podido hacer es quedarse mirando boquiabiertos cómo enormes buques pesqueros europeos esquilman sus mares. Luego se ven obligados a emigrar, pero resulta que sus peces tienen visado para entrar en países extranjeros pero a ellos les repatrian. Por mi parte, evitaré también todo el pescado procedente de la pesca de arrastre. Aún recuerdo el día en que un buen amigo isleño, patrón de un arrastrero, me invitó a pescar. Un amanecer espectacular. Delfines por todas partes (aunque en realidad no sean tan majetes). Pero cuando se abrieron las redes y todo lo que contenían se desparramó por la cubierta, me quería morir. Corales, algas, peces machacados, estrellas de mar…todo el fondo hecho una maraña de vida muerta. Ellos recogían mientras yo corría de un lado a otro devolviendo al océano lo que podía en un gesto desesperado y estúpido. Y de fondo, un grito: “Ves? Ves todo lo que sacamos? Y luego dices que no hay pescado… Jáá!!” Entiendo que es su sustento, pero frente a la pregunta de si había pensado que igual de aquí a diez años quizás ya no podría contar con su fuente de ingresos porque se le habría acabado, se encogía de hombros y decía ” Mira, déjalo… En esto, tú y yo nunca nos vamos a entender”. Me temo que no.

Y al final, un mensaje claro: los océanos, por ley, son de los ciudadanos. Ni de los gobiernos, ni de los pescadores, ni de los comercios, ni de los restaurantes. Son nuestros…¿por qué no los reclamamos?

Una película brillante.

Aliento

Esto va por una persona de sonrisa inquebrantable y mirada sin rodeos. Alguien a quien es imposible no querer.

Va por tantas palabras sabias sin quererlo; por cada bajón mirando al techo. Y al final, siempre esa mirada de reojo y la carcajada que rompe de un cuchillazo la tristeza. Va por su pureza, franqueza y dureza. Aunque no me crea.

Esto es un abrazo enorme y cálido de ánimo… porque para algunos, ha sido un regalo que hace unos meses aparecieras. Porque me has pegado la sensación de que a menudo los pensamientos negativos me parezcan una tontería cuando los digo. Y nos seguimos riendo.

Conversaciones entre magdalenas

8 a.m. Recién levantada (casi). Café y magdalena en mano. Ella entra en la cocina.

– Buenos díaaaaas!!

– Bon dia!!

-Hoy he soñado contigo.

– Ah, ¿sí?

– Sí… íbamos a bucear. Pero no era por aquí; era en un sitio raro. Un bosque de manglares o algo así, bastante oscuro y eso…buceábamos entre las raíces de unos árboles que por fuera eran enooooooooormes.

– Ajá…

Dejo la taza en la mesa. La conversación se estaba empezando a poner interesante y corría el peligro de que con un despiste se me deslizara entre las manos (culpa de la taza, por supuesto. No sé por qué  siempre hacen la vajilla tan escurridiza).

– Pero no era una inmersión de placer, nooooooo! Habíamos ido ahí a buscar mis clones de amebas.

– Quééééé?? Jajajajajajajajajaja!

– Entonces…nos perdimos. Y yo me enfadé bastante contigo. Me pusiste muy nerviosa, la verdad…

Se me queda mirando como un poco indignada. Como si yo tubiera que saber de qué narices me estaba hablando. Es curioso como a veces los sueños nos dejan un poso de sentimiento al levantarnos…

– Ay, pues pido perdón a tu inconsciente por mis errores… ¿por qué te enfadaste?

– Hombreeee… pues porque nos habíamos perdido totalmente, no teníamos ni idea de dónde estábamos, pero ni idea…y va y tú te pones a charlar tranquilamente con un cocodrilo!!!

– Pues qué borde eres, niña, encima que te ayudo a buscar tus clones!!! JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Una buena manera de comenzar el día, ¿no?