Leize Gorria (La Estrella Roja)

•Febrero 8, 2010 • 1 comentario

Te puede gustar más un tipo de música u otra; diferentes estilos para diferente gente; diferentes sones; diferentes ritmos; diferente swing… diferentes maneras de volar. Ondulaciones pero esta vez viajando en un fluído más etéreo llamdo “aire”. Quizás por eso sienta tanta hambre de música. Con una mente que se colapsa fácilmente cuando tiene que poner etiquetas a todo y harta ya de la preguntita:”¿A ti qué música te gusta?”; una responde: “La buena”. Y sabe lo que no soporta: que una voz desgarre la canción y que un bajo no suene fino, con decisión y al ritmo. Pero no debería criticar…mi profesora de solfeo me llamaba “voz de lobo”. Aunque yo nunca entendiera para qué tenía que cantar bien si ahí iba a tocar.

Dos noches de concierto en el Leize Gorria, un pequeño antro con carácter en Donosti. La primera noche no llevaba la cámara y la segunda no la pude dejar en casa. Aquí os dejo un pellizco del resultado de unas horas de rock reaggeado a ratos. Cinco chicas que me devolvieron el recuerdo de una foto de la bajista de “The Go-Go’s” al final de un concierto en los años 80. La curiosidad por escucharlas se me encendió gracias a la imagen y llevo un tiempo buscando sus primeros discos sin resultado. Quiero ver la fuerza de la fotografía en forma de notas arrancadas de un bajo. Aquella era la típica imagen de Rock&Roll “after party” pero invertida: esta vez, la estrella que empujaba la puerta con aires de “venga-hoy-lo-vas-a-pasar-bien-baby”, era ella y el acompañanate al que arrastraba de la mano babeando a su lado, era él.

De repente quise fotografiar a la camarera. Me sorprendió al mirar a través del objetivo y encontrar algo muy distinto a lo que esperaba. La máscara de frialdad y rebeldía cayó, dejando paso a mucha mucha dulzura. Cómo puedes ver a alguien tan distinto con un sólo clik…

Más palabras desde el dique seco

•Febrero 3, 2010 • 6 comentarios

¿Qué sucede cuando ciertas circunstancias te impiden hacer lo que hacías? ¿Cuando tienes que reprimir tus impulsos y dejar de mirar tanto hacia donde mirabas?

Sucede que los lugares se transforman. Parece que llueva más; parece que hasta uno mismo se ralentiza en un nuevo swing que es de prestado. Quizás con ese nuevo ritmo tienes que mirar hacia otro lado y te sorprendas viendo lo que antes no veías. Pequeñeces dentro y pequeñeces fuera.

Unos rayos filtrándose entre nubes grises y antenas parecen dignos de ser estampados en píxeles. Cuando cortas champiñones, descubres cuevas para gnomos. Y te entretienes buscándolos con el objetivo de por medio… Y mientras tanto se te enfría la sopa.

Todo esto puede suceder mientras las circunstancias te obligan a dejar de mirar con ansiedad cada ondulación azul. Lo que va sucediendo en un parón, ya no nos lo quita nadie.

¿Otra ventaja? Las ganas… uno se va llenando de ganas.

Aaaaaaaaayyyyssss….(suspiro, suspiro)

•Enero 28, 2010 • 5 comentarios

Estaba pensando que ésta fue la última vez que me pude meter al agua con la cámara. Una mañana temprano de diciembre. Viento off-shore, un metrillo de ola (o menos, no me acuerdo) que poco abría, bastantes revolcones (acuáticos) y buena compañía. Al salir, el propósito de probar de practicar los tubos echándose a todos los cerrotes “aunque nos chapen encima”. El mismo propósito que para mí quedó en el aire, esperando.

Quedan exactamente 17días para que pueda volver al agua en condiciones. Voy encargándole a Neptuno las olas…

“Si me quedo a oscuras, luz de la locura ven y alúmbrame…”

•Enero 25, 2010 • 5 comentarios

Después de algunas sesiones de fotos con gente distinta puedo decir que lo que las convierte en algo fácil o extremadamente difícil es un brillo dentro de cada uno que sencillamente está o no está. Recuerdo algunas sesiones con personas extremadamente bellas, perfectas… pero una vez empezábamos el show, me iba naciendo una angustia que intentaba contener entre clik y clik al ver que con esa persona, no iba a poder. A pesar de su actuación, a pesar de querer darse, mi mente no veía nada, no encontraba nada. Otra vez alguien me dijo que un renombrado fotógrafo siempre comenta que odia fotografiar a modelos, por este mismo motivo. Personalmente, me parece que más que la profesión del fotografiado, lo que puede tener que ver es el hecho de que cuando el duende de dentro del que posa no conecta con el que fotografía, el escenario se vuelve vacío. Hay millones de  “bellezas frías”… aunque quizás su temperatura dependa del ojo que la mira.

En el caso de estas imágenes, obtenerlas fue sólo una de las numerosas excusas con las que nos encontramos para ir alimentando un proyecto que en breve saldrá a la luz. La idea era hacer fotos con gestos desafiantes a las chicas, pero el cachondeo surrealista por su parte y los tintes de sarcasmo por la mía fueron inevitables. Unas risas. Ahí van las fotografías de una de ellas, una persona que es un puro estallido de energía.

Y ahora me doy cuenta de que, esta vez… qué facil fue.

En realidad, nos sobran los motivos

•Enero 21, 2010 • 8 comentarios

Hace unos días tuve agua helada bajo mi vieja tabla y mientras bajaba no podía evitar soñar que detrás rugía una ola enorme que me concedía unos minutos de pared.

En esos minutos me vino a la mente qué es lo que más me gusta del surf y su fotografía: la inevitable sincronización con la mar. Sólo a ella le permito “mandar y punto”. Sólo a ella me someto. Porque sólo así, adaptándonos, aceptando, nos enseña el placer del camino en una búsqueda, esa virtud que tanto cuesta llamada paciencia y el reencuentro con un sentimiento salvaje y siempre puro que surje cada vez que nuestra mente se vacía a la espera activa de la siguiente serie.

A cada uno le mueve algo distinto que le hace seguir surfeando, navegando, buceando, esquiando, patinando, escalando… Sea lo que sea y sea como sea, no perdamos el origen de lo que nos mueve entre tanta moda. Porque si perdieramos eso, perderíamos el norte.

Vamos a seguir buscando…

Aniversario…

•Enero 15, 2010 • 9 comentarios

Hace justo siete días que hizo un año desde que abrí el blog y, como me gusta el siete, he querido hacer una pequeña retrospectiva. Creo que los objetivos iniciales se han cumplido con creces (Clikad aquí para ver la entrada 1). Esto no tendría sentido sin vuestros comentarios, dentro y fuera del blog. Seguiría con menos ganas si alguna vez alguien no me hubiera dicho que leer algo le ha dado un poco de luz en un bajón. Si los de siempre no me comentaran las fotos, no me dijeran que les “sienta bien abrir esta ventana de vez en cuando”. Y reconozco que me sorprende un montón cuando alguien a quien no conozco de nada me dice “Ah, pero tú no serás Saltdrop, ¿no?Sigo tu blog…al final, ¿te metiste en Guethary?” Todo eso ya es mucho mucho más de a lo que aspiraba.

Para todos los incondicionales; para los que perdéis algún minuto de vuestro día a día vagando por mis pensamientos tecleados; para los que he conocido más gracias a este espacio… ahí va un pequeño recopilatorio de fotos de posts que por un motivo u otro han tenido un significado especial en este año. Si clikáis encima de la foto,os mandará a la entrada que corresponde. Por si queréis seguir perdiendo un poco más de vuestro tiempo para perderos en el mío.

QUE SEGUEIXI LA FUNCIÓ!

Pic by SaltDropKid

Roger Ferrero (un chico con sonrisa de gaviota)

•Enero 12, 2010 • 2 comentarios

Él es, según mi opinión y sin ánimo de ofender a nadie, uno de los mejores fotógrafos de mi generación que conozco. Desde que le encontré, disfruto con cada una de sus imágenes. Será que lo que sacamos de dentro para afuera, sea en la forma de expresión que sea, dice mucho de nosotros. Él lo muestra con una técnica cuidada, sí…pero también con segundos de vida, humor, acción y grandes pequeñeces… todos pillados al vuelo.

Seamos realistas, en estos tiempos hay fotógrafos hasta debajo de las piedras. Gente a la que le importe más desarrollarse en sus imágenes que los megapíxels de la cámara, ya no hay tantos. Personas que se detengan, respiren, absorban del entorno y hagan clik desde dentro con secillez y respeto, hay más bien un puñado (más o menos). Pero Roger, además de todo eso, tiene una calidad que realmente parece ser rara en esta sociedad de chicle: él es, por encima de todo, un muy buen tipo. Y eso es inevitable que se vaya desprendiendo de todo lo que crea.

Dice ser un fotógrafo de skate, pero para mí es mucho más que eso. Y sino, juzgad vosotros mismos (http://www.myspace.com y http://www.rogerferrero.com).

All pics by: Roger Ferrero

Gràcies…

Cada uno con sus sinvivires…y una vuelve a estar fotera

•Enero 10, 2010 • 2 comentarios

Hace un par de semanas que me sentía afótica. Como los seres que viven sin luz, yo vivía sin ver imágenes. Sólo quería nutrirme de las de los demás y aprender técnicas nuevas. Antes cuando me sucedía, me preocupaba. Ahora lo dejo fluir…lo que esperaba por ser contado sigue ahí. Pero quizás suceda que como cualquier cosa que uno tiene dentro que le llena y le apasiona, hay que dejarla reposar a veces. O quizás se estén gestando historias nuevas. En este caso, creo que el resultado ha sido un nuevo juguetito como calentamiento hacia la Leica, alimento de mi obsesión.

Justo antes de que el afotismo sucediera, estuve recluída con el oído peleón. Fuera, vendaval, temporal y maretón. Magia de bravura polar. A pesar de que “no tenía que salir”, necesitaba buscar momentos de chasquido de diafragma. Intenté aguantar un rato en la playa pero tiritaba y dolía. De modo que me volví dentro del coche y mira por dónde que esa posición de voyeur me gustó. Unas fotografías curiosas.

“Amo tanto tanto la vida…

•Enero 8, 2010 • 4 comentarios

… que de ti me enamoré,

y ahora espero impaciente

ver contigo amanecer…”

“Amo tanto la vida”, I.Serrano

Esta canción siempre me ha recordado a mi madre. No me apetece incluir el resto, porque con los años te das cuenta de que en realidad ella se merece que le ayuden a suplir tanto negro con naranja, verde, púrpura, azul.  De todos modos, si queréis escucharla, clikad encima del nombre de la canción antes de las fotografías.

Tampoco quiero incluir aquí más fragmentos de tristeza, aunque sea dulce, porque la experiencia que me trajeron estas instantáneas fue demasiado bella como para embrutecerla con negatividad. Fluido dentro y fuera.  Alguien rebosando luz en nuestro medio salado. Deseos de repetir. Vida. Vida dentro y fuera.

Contemplando olas romper

•Enero 3, 2010 • 4 comentarios

En un capítulo de los Simpsons, la sabia Lisa dijo que los chinos usan la misma palabra para designar crisis y oportunidad. Sea cierto o no, creo que en estos tiempos no sólo a mí me sirve. Hay personas a las que el “llegan malos tiempos” les ha ido inyectando buenas dosis de miedo. Pero muchas otras han hecho oídos sordos a esa frase tantas veces repetida y han aprovechado la situación, convirtiéndola en el principio de su nuevo proyecto. Felices de poder empezar a luchar por ganarse la vida con lo que les completa; ya sin horarios, ni jefes ni pies encima de la cabeza. De su ejemplo, otros hemos ido ganando impulso.

En el umbral de un año entero, lo primero que me viene a la cabeza es que es un año par. A pesar de ello, tengo ganas de emprenderlo, de coserlo despacito, contemplarlo y trabajarlo. Tengo la sensación de que el último año metí muchas ideas y nuevos proyectos en un caldero, flotando en el agua de las oportunidades. Este año va a ser el de cocinarlo todo con esmero, a fuego lento; preparar la mesa con decisión y comer el guiso en buena compañía. Quizás al año siguiente, que será impar, tocarán los postres.

Ayer me paré a recorrer el 2009 y me di cuenta de que ha sido un gran año. Con pinceladas de frustración y angustia, por qué negarlo, pero me hace feliz ver cómo al recordarlo, no puedo reprimir la sonrisa. Hacía algunos años que no me pasaba, siempre esperando que el  año siguiente sí fuera mejor. Algunas veces (pocas) alguien dice: “Piensas demasiado”. Pues sí…me gusta pensar. Y también me gusta la gente que se para y reflexiona. Y mira. Y discute. Y anda. Y actúa.

Me he dado cuenta de las ganas que tengo de dar los carpetazos que tocan para este 2010… el final de una segunda licenciatura, reportajes que sólo les falta el último retoque, otros por emprender, un cambio de casa y de vida, acabar una tesis doctoral…no es poco.

Me he dado cuenta de que he aprendido a respirar un poco más, contemplar bastante más y saber entender cuando el alma pide compañía y cuando soledad.

Me he dado cuenta de que este mundo de unos y ceros me ha saturado. Algo dentro necesita huir un poco de tanta tecla, de tanto conocer a alguien sin conocerlo, de tanta realidad que no es real, de tan poco mirar a los ojos, de tanto observar una pantalla a menudo vacía. Quiero oír voces, escribir cartas, compartir cafés, observar olas romper, contemplar fotos en papel. Y ahora va y se me mete en la cabeza que quiero una Leica. Este pequeño espacio me hace sentir bien, por vuestras respuestas y por mi desahogo de la necesidad de comunicar. Seguiré cuidándolo. Pero no quiero olvidar que el ciberespacio no es mi mundo, sólo mi herramienta. Mi mundo sois vosotros en carne y hueso, cuando andando me cojéis del brazo.

Me he dado cuenta de que la gente de siempre sigue ahí aguantándome; de que otra ya estaba y la he conocido más y me llena; de que también ha aparecido más gente nueva, sorprendiéndome. Gràcies.

Martín

•Diciembre 31, 2009 • Dejar un comentario

En algún momento, todos acabamos por decir: “Bah, si al final…el último día del año es un día cualquiera”. Aún así, no podemos evitar mirar atrás y recorrer al año anterior; valorar y por qué no, buscar vivir de otro modo las últimas horas de lo que está ya casi caducado. Quién iba a decir a dos buscadores de momentos que lo que iba a dar un sentido distinto al final de este año impar sería una decisión totalmente trivial y tomada un poco porque sí.

Estaba claro, ese año querían acabarlo juntos pero en realidad daba igual dónde y cómo. Intentarían cuidar esas últimas horas, sí…pero quizás se tratara sólo de estar atento y dejar fluir. Quien les iba a decir que en ese paseo por el monte, en esa decisión tomada sin pensar mucho, en ese “venga, no damos la vuelta, seguimos hasta la cima y vemos la ermita”, iban  a encontrar el calor de los momentos en que todo encaja tan bien que parece imposible.  Subieron a la ermita, dejaron el coche, capturaron imágenes que habían estado allí año tras año, contemplaron el mar, enorme y presente, a lo lejos; uno fotografió flores que le parecieron de verdad sin serlo; otra se subió a un árbol… y volvieron al coche.

Fue poner la llave en el contacto y… “Espera, ahí hay un perrito”. Era tan pequeño como para poder caber en dos manos, con unos ojos  inquietos que parecían haber estado buscando muchas horas sin encontrar. Quizás, días. “Está lleno de espinas… y muy delgado”. “Parece asustado”. Le dieron de comer, de beber, le hablaron y el rabo empezó a relajarse, saliendo de entre las patas. No lo podían dejar allí y fueron al encuentro de la supuesta casa de la que se había perdido. “Vamos a preguntar al pueblo”. Lo subieron al coche, él lo arropó y ella se lo puso en el regazo. El perro se perdía en lametazos de agradecimiento.

Deshicieron el camino que antes habían recorrido… hasta encontrar un cartel indicando el principio de una senda hacia una masía (caserío). “Vamos, a ver si pueden guiarnos”.  Un perro atado anunció su llegada a ladridos mientras tres niños, un abuelo y un padre salieron a su encuentro. Sólo hicieron falta las palabras mínimas con las que la buena gente se reconoce. Y las palabras del abuelo les hicieron empezar a pensar que no se habían equivocado: “Lo habrán abandonado…la gente capaz de hacer algo así no se merece recorrer ni la mitad del camino al cielo”.

Un par de llamadas confirmaron lo que el desamparo del perro ya venía dejando intuir: no pertenecía a ninguna de las casas de la zona. Mientras seguía en el regazo, satisfecho y gimiendo a ratos, siguieron hablando de cómo iban a lidiar con él y con la gata que esperaba en casa. Ya empezaban a adivinar las arrugas que aparecerían en algún rincón de su alma cuando lo tuvieran que llevar a la Protectora de Animales… y llegó la pregunta: “ Si vivís aquí todo el año, ¿no os lo podríais quedar vosotros?” El padre se rió. El perro, como si lo hubiera entendido, saltó del regazo al suelo y los niños ya reían, jugaban, le acariciaban. Aparecieron tres niños más, un padre y dos abuelas. Y ese pequeño ser, al que en apenas media hora habían bautizado como Martín, había encontrado entre saltos, cuidados y risas, un hogar.

Al llegar al final de la senda de  camino a casa, los dos buscadores se quedaron con la sensación de que aunque muchas veces las historias no tienen un final feliz, pueden tenerlo. Y les pareció un buen motivo para acabar y empezar un año dejando de lado las sombras del “esto pinta mal”, creyendo que todo puede llegar a buen puerto si se intenta y apostando porque pueda ser que las casualidades no existan.

Fotos: Kukurusta

Text: Saltdrop

A título personal…

•Diciembre 30, 2009 • 2 comentarios

… puedo resumir lo que son para mí los días de Navidad propiamente dichos en los siguientes puntos:

1) Irnos de casa para mudarnos temporalmente a una ciudad helada (en diciembre, el bajo cero nunca falla).

2) Alegrarte porque hace ya algunos años que no te obligan a destrozar los ya de por sí chirriantes villancicos.

3) Atiborrarte de chorizo con tu primo, con la excusa de que tu cuerpo tampoco soporta el marisco (sí, es poco sibarita).

4) No poder empezar a comer hasta que se bencide la mesa… y ponerte tensa cuando viene la pregunta de “¿Quién bendice?”

5) Rememorar “el salto” y los gags de unos días en la nieve que te salvaron la temporada.

6) Buscar las carcajadas del abuelo.

7) Volver a pensar ” No sé por qué no nos juntamos más a menudo”.

8 ) Volver a pensar: “Si no se calla ya, le salto a la yugular”.

9) Las comidas en que no cabe ni un tenedor más.

10) Las miradas de complicidad del abuelo y las preciosas charlas con tendencia a su monólogo.

11) 101 discusiones con una familiar  de lo más cercana. Que no, que no quiero ir de compras. Que no, que no pienso llevar ni Kleenex ni neceser en el bolso aunque eso suponga ser menos mujer.

12) Intentar aprender cómo se hace una buena ajada de manos de “los gallegos” aún sabiendo que nada más salir de la ciudad helada, se te olvidará.

13) El cine y las palomitas del día 25. Siempre parece que de tanto empacho acumulado no vas a poder con ellas. Pero sí.

14) Los abrazos de Cris.

15) Las tardes de ganar el tiempo en el sofà, entre vaciles y risas.

16) La tensión entre dos hermanos, aunque ya no tenga sentido.

17) Dormir en el suelo porque no hay suficientes camas.

18) La firmeza de Moi al decir “Este año sí que vengo a pasar un finde en los Pirineos. Con la nieve que hay allí y lo cerca que lo tienes…este año, vengo seguro”.

Pero por encima de todo, los días de Navidad propiamente dichos son para mí el reencuentro con alguien que normalmente tengo demasiado lejos. Alguien que dice que lo único que le duele de verdad son los años y que está fastidiado con “J”. Alguien que nada más ver a la primera que llegó de su segunda generación, la señaló como “la más preciosa del hospital”. Y cuentan que la niña, recién nacida, sólo abrió los ojos aún oscuros por primera vez cuando él le habló.

HAPPY 2010 y feliz Navidad!!

•Diciembre 22, 2009 • 6 comentarios

Original pic by X. Illas

Decisiones y propósitos

•Diciembre 20, 2009 • 8 comentarios

El resfriado ya se parecía a esos granitos de arena que cuestan tanto de despegar a pesar de que no dejes de sacudirte. Pero había olas en nuestro mar. Esperé un día, esperé dos y cometí el error de no poder esperar más. Me metí. Bastaron 24 horas para que llegara lo que llaman otitis (curiosa palabra, ¿no?). A la próxima, sana o no, no entro a un agua fría sin tapones. Qué delicado puede llegar a ser algo que normalmente ni notamos.

Aprovechando el encierro impuesto por un oído estallante y supurante (lo siento, es así y hoy no estoy para muchos eufemismos), he estado editando algunas fotos que tenía acumuladas desde hace algunas semanas. Al final, si no fuera por un dolor que le da por viajar de la barbilla hasta la coronilla, quizás hasta me estarían viniendo bien estos días de cuatro paredes obligadas. Algunos no podemos estar quietos aunque lo intentemos. No vaya a ser que nos coman los bichos.

De modo que os dejo unas imágenes de un baño en Aiguadolç, con amigos y las niñas. A ellos les dedicaré un espacio único por dejarme con cosas para contar. Aunque sean relatos que tendrán que esperar porque este puño que me presiona el tímpano no me deja acabar de coordinar las ideas. Así que  mejor hoy lo voy dejando aquí, con olas y desconocidos.

Hace unos días reflexionamos sobre qué diferente es fotografiar a un amigo o conocido con quien has entrado al agua buscando congelar movimientos en imágenes, o bien robar imágenes a alguien sólo porque pasa por tu lado. La verdad es que mi cámara es algo promiscua y a veces no puede evitarlo. Pero esa reflexión me trajo la decisión de no fotografiar en el agua porque sí y, si puede ser, hacerlo con un cómplice. Varios reconocidos fotógrafos de surf me han confesado que muy a menudo es tan complicado colocarte y mantenerte en el agua que se acaba disparando “a boleo”. Sin mirar. En su momento, sin haberlo probado nunca, no entendí cómo se puede hacer fotografía sin mirar. Ahora lo entiendo. Aún así y aunque esté al principio del camino; aunque aún me quede tanto tanto por andar (o nadar), me he propuesto no dejar de buscar con todo mi sentir. Puede que sea una locura. O una gilipollez (sí, hoy también estoy mal hablada). Pero ese es mi propósito.

Y como señal de esta decisión, las fotos que saqué en su día un poco porque sí, las he desteñido.

La historia de mil mujeres

•Diciembre 14, 2009 • 2 comentarios

Una estudiante de una especiada tierra africana me trajo tu misma mirada: inquieta, aunque quisieras evitarlo. A esa chica, también tan sofocadamente dependiente de mí, no me acerqué tanto. Pero desde que  tu mirada volvió a aparecer así en este rincón de cuatro casas y mar reposado con intermitencias; desde ese momento…he intentado hablar de ti pero las palabras se me atragantaban. Ahora puedo.

Sí, me enfadaba mucho contigo sin tratar de disimularlo. No podía entender por qué no te atrevías a dar dos pasos sin mí. Me respondías con una expresión resignada y un “Tu as raison. Mais je suis faite comme ça” (“Tienes razón. Pero yo estoy hecha así”). Aunque lo dijeras mirando al suelo, no conseguiste ocultarme que sí querías andar por ti misma, pero no podías. Quizás  eran las palabras que alguien te había repetido desde niña. Quizás él. Quizás tu miedo… ¿a qué? Y yo intentaba empujarte hacia una independencia que sólo con intuir te aterraba. Siempre me quedará la duda de si, al hacerlo, me equivoqué.

Sí me enfadaba, sí… cuando te veía dejar de comer, de dormir, de vivir. Cuando iba viendo cómo la tristeza se te aferraba como una sombra. Todo, por él. Aunque en esos días fuera sólo una voz amenazante llena de rabia al otro lado del teléfono, a cientos de kilómetros. Yo sabía cómo alguien emborrachado de celos podía llegar a quebrar una alma y no quería que fuera la tuya. Tan transparente. Tan frágil. Tú, le disculpabas. Y las dos sabíamos que ante esa voz no podías fingir indiferencia, dureza, firmeza…él, tu miedo, lo olía. Y yo, viendo todo esto en directo y no por primera vez, me desesperaba.

Volviste a tu especiada tierra africana. Al cabo de unos meses te seguí, reemprendimos el trabajo y entonces fuiste tú quien me arropaste, resguardándome con tu calor de una lluvia de gritos. También compartimos horas de conversación. Me dijiste que lo habías dejado, que querías andar sola… y fui viendo cómo se había ido trenzando un fino hilo entre tu educación y la mía, entre tu cultura y la mía. Te oía llamarme “amiga” con un suave matiz de orgullo en la voz.

Volvía a mis cuatro casas y mi mar reposado con intermitencias. Pero la inquietud llegó de nuevo cuando al cabo de un par de meses me dijiste que habías dejado los estudios y que te casabas. “¿Pero…ahora qué harás?” “No sé, ya veré…” “Es con otro, ¿no?” “Sí” “¿Eres feliz?” Tardaste demasiado en contestar que sí. Me negué a ir a tu boda y no me corté en reconocer que a mi cámara, obsesionada y hambrienta de imágenes nuevas, le tentaban esos tres días de celebración. Pero te confesé que sentía una rabia dentro, un hormigueo extraño, que sabía que no podría contener. Casi noté tu sonrisa dulce al otro lado del chat. Y te casaste.

Pasaron unos meses de silencio. Tu antiguo tutor de estudios me preguntó por ti. No supe qué contestar. “Esa chica me quitó el sueño… qué realidad tan difícil la de las mujeres de mi país. Ya rozaba los treinta y la han casado”. Mientras hablaba, veía latir mi impotencia en las paredes de la habitación.

Pasaron más meses. Decidí escribirte. No hubo respuesta. Desde entonces, una vez al mes, mis historias, inquietudes y preguntas se ven reflejadas en cartas digitales que se pierden vete a saber dónde. Desde entonces, te has convertido en un vacío. Y algo se me ensombrece dentro. Fatima, Soumia, Sana, Aisha, Fatiha… ¿dónde estás?

Remedio contra el resbaleo

•Diciembre 9, 2009 • 4 comentarios

Quería escribir antes pero donde estoy ahora me enfrento demasiado con lo que quiero. Tanto se mueve que no llega la palabra.

Golpes de aire van abriendo la puerta que me llevará donde quiero llegar. Pero sigo con los pies enraizados al suelo (de momento). Asi que sólo puedo quedarme mirando a través, intentando adivinar lo que habrá al otro lado. Suele pasar que cuando estás ahí clavado, una cuchara de palo te atraviesa la mente para ir removiendo el caldero donde has ido metiendo todo aquello a lo que aspiras. Y mientras tanto, vas oyendo un ruido de olas romper.

No te das cuenta pero con cada pequeño gesto que haces por liberarte de ahí, se van rompiendo las raíces. Poco a poco. Una centésima de milímetro más con cada estirón. Porque cuando vuelves a levantar los ojos en un día a día de cristal queriendo que como por un milagro le de por ondularse, vas peleando a tu modo. Vas entrenando a tu modo. Exprimiendo los momentos para abrir la boca y recibir las gotas dulces de los pequeños logros. O sencillamente del “estar”.

Ayer surfée o como mínimo lo intenté. Entre platazos y foteos, llevaba tres meses sin hacerlo. Bueno, pues qué esperas… El resultado: un dedo algo morado, un arañacillo en la barbilla y otro en el labio. Número de olas que pillé: cero (patatero). Frustración. Muuuuucha muuuuuucha. Mientras me cambio, no dejo de ver venir series al cerrar los ojos. Eso me hace pensar que quizás no esté tan lejos de una cotidianeidad ondulada que me conceda la oportunidad de avanzar.

Qué difícil es vivir el “aquí y ahora” a veces… y no entiendes por qué en el agua la tozudez te ciega, te desconcentra, te satura de un “no” rotundo. Respira y contempla, chica, respira y contempla…

En realidad, como no me salían las palabras, quería hablar de alguna frivolidad. Pero no puedo.

Así que diré un posible antídoto contra las situaciones empapadas de “querer y no poder”: dar un poco de marcha atrás mental y trasladarse a un año atrás. No sé, a mi me funciona. Me cura el ir viendo cómo uno se va superando; cómo todo se va moviendo, poniéndose en su lugar. Me cura  reflexionar sobre todo lo que tienes y no se tenías; en la suerte que ha ido llegando. Y vuelves a valorar el poder contar con quienes esfuman tu rabia con un “Créeme, te estás acercando, te estás acercando…” Mira que yo a vosotros, os creo.

El ruido justo y muchas muchas nueces

•Diciembre 1, 2009 • 6 comentarios

“If I help one single person to be hopeful, my life won’t be in vain” (M. Luther King)

Siempre me ha parecido una bonita frase para empezar un lunes. Pero pienso que lo que no dijo ahí el memorable activista es que quizás al final no se trate de prestar ayuda sino de intercambiarla. Cuando damos capacidad de esperanza se nos rebota y la acabamos sintiendo como otra forma de esperanza. La misma que nos empuja a creer en los pequeños cambios. Y muy a menudo la esperanza anda cojida de la mano de la ilusión.

Todo esto me venía a la cabeza cuando dos miembros de Hands&Surf se acercaron al Mediterráneo y, junto con Somdansa, organizaron un fin de semana de clases de danza e iniciación al surf para un grupo de personas con Síndrome de Down. Contaron también con la participación de la Escola Catalana de Surf, que cedió tablas y ayuda, y los chicos del proyecto Ravalsurf. Se fueron uniendo familiares y amigos… y todos pudimos disfrutar de ese “intercambio”. Aprendizaje, risas y emoción. De todo ello, dan prueba las imágenes. ¿Quién da y quién recibe? ¿Quién enseña y quién aprende? En mi opinión, cada uno aporta de todo un poco o un mucho; participa en cada faceta a su manera. Porque en este fluir, todos somos alumnos.

Qué necesaria es la gente que no se deja teñir por el escepticismo y hace rebosar a sus iniciativas de cariño y ganas. Y si además, no sólo quiere compartirlo sino que sabe cómo hacerlo, no puedo dejar de quitarme el sombrero. Si queréis saber más, os invito a que visitéis: www.handsandsurf.org

Muchas gracias por meter un fin de semana más en el cajón de la mente donde se guardan los recuerdos a los que vale la pena volver.

Fotos: SaltDrop & Kukurusta

Entreteniéndome en lo cotidiano

•Noviembre 27, 2009 • 4 comentarios

Hace unos días escribí algo que me acabó doliendo. Después lo agradecí, por haberme ayudado a recordar el gran poder de la palabra escrita. Creo que el por qué escribimos, el por qué nos expresamos de un modo o de otro depende casi siempre de cómo destilemos nuestro sentir y pensar en ese momento. Algo totalmente variable y muy muy subjetivo. La finalidad de la escritura también cambia constantemente. Muy a menudo, ni siquiera existe. Y todos estos matices sólo los sabe con exactitud la persona que mueve el lápiz o que le da al tecleo. Algo peligroso y fascinante al mismo tiempo.

Por eso,hoy he decidido hablar de un huevo frito.

Para ser precisos, se trataba de un huevo frito de desayuno en una vida temporalmente furgonetera. Hecho como substituto del baño de primerísima hora, pospuesto unas horas a merced de la marea. Hecho para coger carrerilla hacia unas olas postduneras o preduneras (dependiendo de si se miran desde la tierra o desde el mar, respectivamente). Lo mejor de todo es que era un manjar hecho para cuidarme.

Con todo esto, no podía ser un huevo frito convencional. Era más bien oceánicamente creativo. Por eso, al llegar a la sartén, una parte de la clara quiso separarse del resto, curvándose lentamente como las crestas de ciertas olas que esperaban. Hasta que se cansó del movimiento y se detuvo, quedándose sin romper del todo. Una ola de huevo frito eterna y burbujeante. Curioso. También le echamos pimienta, pero si empiezo con ese tema no acabo… Así que me lo comí.

La verdad es que nunca hubiera pensado que un huevo frito daba para tanto …

Gratas sorpresas y recuerdos del norte

•Noviembre 24, 2009 • 15 comentarios

Acababa de aterrizar de un verdadero espectáculo fluido en buena compañía (eskerrik asko, querido guía y un plaer, nois!). Un día de mar bravo con bellezas que se alzaban, brillando, para estallar con ese orden desordenado tan suyo. Me alucinó tanto que no podía decir nada sobre lo que veía porque lo sentía rascando en algún lugar mío muy adentro, muy al fondo. Tanto que al volver, han aparecido en mi primer sueño.

Con ese estado de ensimismamiento acuático, no es de extrañar mi sorpresa al abrir de nuevo mi correo y descubrir que se me ha otorgado una Mención Especial del Jurado en la XIV edición de un concurso fotográfico llamado “Todos Somos Diferentes”, organizado por la Fundación de Derechos Civiles. Y yo con sus majestades marinas en la cabeza y con la boca abierta. Me invitan a la entrega de premios… ¿Y yo ahora qué hago? Últimamente todo se empieza a mover y a menudo  me truena en la cabeza eso de “Vigila con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”. Creo que empeño y ganas no me faltan… así que cuando todo eso llegue, si un destello de miedo traicionero se digna a frenarme para saltar, quizás os cojeré de la mano para que me regaleis un poco de impulso.

La fotografía en cuestión la tomé hace un par de años durante unos gélidos días de invierno en Berlín; una ciudad que sólo con pronunciar su nombre me da ganas de volver, perderme y aprender. Se trataba de un monumento creado en memoria de las víctimas del Holocausto.  Pasearse entre bloques de cemento irregulares, con un suelo que te hacía subir y bajar cada dos pasos, provocaba un vértigo estomacal extraño. Alguien también se paseaba…y necesité reflejar el momento. Por lo que parece algunas personas pertenecientes a un jurado también han querido recordarlo.

Nada más y nada menos que Siurana

•Noviembre 18, 2009 • 5 comentarios

Esta vez no me voy a poner sentimental, reflexiva, iluminada, poética…nada. Porque esta vez sólo quiero decir que la chica que se muestra a continuación ES MI AMIGA.

 

 

Personalmente, prefiero esperar desde abajo. En la foto no se aprecia la pared, es cierto… No sé cuántos metros tenía porque yo sólo sé contarlos hacia el fondo y no hacia el cielo. Lo que sí puedo dar fe de que era tan alta como para gritar “Bajaaaaaa que te vas a caeeeeeeeeeeeeeeeerrr!!!” y que ella no lo oyera. Pá matarse. Girlssss powerrrrr.